
“LA INVENCIÓN DEL SÍ MISMO. PODER, ÉTICA Y SUBJETIVACIÓN”
Nikolas Rose
(traducción de Silvana Vetö, Niklas Bornhauser y Francisco Valenzuela).
Santiago de Chile: Editorial Pólvora, 2019.
Afortunadamente,
aunque de manera tardía, se ha traducido del inglés al castellano el
extraordinario libro de Nikolas Rosa "La invención del sí mismo. Poder,
ética y subjetivación". El libro se escribió en 1996, aunque tiene plena
actualidad. El autor escribe además un prefacio para la traducción en
castellano titulado "Reinventarse a sí mismo". En él nos explica que
intentó escribir de una manera distinta la historia de la psicología, que lo
que ha hecho hasta ahora es, o bien centrarse en lo cuestiones internas
centradas en las aportaciones teóricas, o bien en las externas basadas en las
biografías de los psicólogos. Tampoco estaba satisfecho con la psicología
crítica de inspiración marxista ni con la crítica psicoanalítica a la
psicología, ya que consideraba que esta historia crítica debía incluir a las
corrientes psicoanalíticas en su objeto de estudio. Es un análisis que propone problematizar el concepto
de normalidad y de inadaptación, que se estaban convirtiendo en categorías
clínicas, sociales y administrativas clave en los años 90 en el Reino
Unido. Había que cuestionar todo “el mundo psi en su función de convertirse en
ingenieros del alma humana. Cierto que a principios del siglo XXI ya el mismo
Rose señalaba el paso de las disciplinas psi a las neurociencias y el
desplazamiento del interés de la mente al interés por el cerebro. Pero también
lo es que, más que una eliminación de las categorías psicológicas, lo que hay
es una remodelación.
Lo
que se plantea es una genealogía del régimen contemporáneo del "self",
que los traductores prefieren traducir por el "sí mismo" antes que
por "yo", que da una visión de la subjetividad muy psicologizante.
Para ello hay que dar a los estudios históricos un sentido crítico extendiendo
los límites de lo que es pensable y posible.
Se
trata de cuestionar algunas certezas contemporáneas acerca del tipo de personas
que creemos que somos y ver otras maneras de pensarnos. Para ello es necesario
examinar los procesos a través de los cuales hemos inventado el ideal
regulativo de uno mismo, que están construidos por las disciplinas
"psi" que se han ido desarrollando a partir de la segunda mitad del
siglo XIX. Se trata de entender el dispositivo contemporáneo de "ser
humano" y las tecnologías que lo sostienen. Entendiendo que hay aquí un
horizonte de capacidades y de libertades, pero también una serie de
contrapartidas, derivadas de las cargas y de las ilusiones en los actos de
dominio y de autocontrol implicados. Hacer, por tanto, un diagnóstico de la
condición contemporánea del sí mismo. Cierto que esta manera de pensarse
el sí mismo es muy heterogénea, pero Rose considera que hay una normatividad
común, un "aire de familia" en las coordenadas históricas que imperan
desde hace casi dos siglos en las sociedades liberales de Europa, América del
norte y Australia. hay como un mismos ideal regulativo.
Hablar
de la invención del "sí mismo" no es considerarlo una ficción. Se
trata de nuestra verdad, de la verdad subjetiva sobre uno mismo. Se trata de
una realidad histórica no ontológica ni universal, de una contingencia que,
como tal, puede transformarse. Nuestro sí mismo es nuestra subjetividad,
nuestra identidad personal, que está constituido desde nuestra herencia
familiar y desde nuestra experiencia. Supone una interioridad, un universo
interno y una manera de conducirnos que consideramos normal a través de un
ideal regulativo que se torna autoevidente. Inicialmente se presenta como algo unificado
y coherente pero luego se ha ido relativizando y se ha convertido en algo más
plural y heterogéneo. Primero por la aparición de la conceptualización psicoanalítica
del "inconsciente" que cuestionaba este sujeto unificado. Más tarde,
por la intervención del feminismo que entendía al sujeto como un acto
performativo, como una construcción cultural. Finalmente, por la intervención
progresiva de la bioteconología, que deriva hacia la figura del cyborg.
De esta
manera, cada vez más la noción de sujeto es fragmentada y desafiada.
Para
Rose la subjetivización no debe entenderse localizándola en un universo de
sentido, sino en un complejo dispositivo de prácticas discursivas y no
discursivas. La psicología aparece como una tecnología intelectual para
visibilizar características, conductas y relaciones. La experiencia no es
previa a esta visión, ya que ella misma está condicionada por una determinada
manera de pensar lo que vivimos a partir de unos campos del saber, unas tramas
de poder y unas formas de subjetividad establecidas.
Las disciplinas psi están relacionadas con la
historia del gobierno, entendiéndolo en un sentido más amplio que el político.
Se trata de conceptualizar las estrategias, las tácticas y los programas diseñados
para dirigir la conducta de los otros. La psicología aparece con la sociedad
liberal, aunque hay que matizar que es utilizada también en las sociedades
disciplinarias (nazismo, países comunistas).
La psicología
del siglo XIX inventó el individuo normal y la de la primera mitad del siglo XX
la persona social y a través de ella la norma de la adaptación. A partir de la
segunda mitad del siglo XX se orienta de forma más compleja hacia la
autorrealización y el crecimiento personal. Se entiende entonces la finalidad
de la conducta como el equilibrio del desarrollo del propio potencial, la
autonomía y la felicidad.
Una genealogía de la
subjetividad trata sobre la relación que tenemos con nosotros mismos, de
precisar las formas técnicas que tiene esta relación. Pero el ser humano tiene
una ontología histórica y, por lo tanto, no podemos universalizar estas
relaciones, pero tampoco lo enfoca desde la perspectiva cultural, más bien
sobre sobre las maneras como un sujeto se piensa a sí mismo y las prácticas
ligada a ello. La subjetivización ha de ser tratada en sí misma, no como
derivación de otra cuestión, hay que ir al dispositivo específico : redes
perceptuales, imaginarias, conceptuales, normativas.
La fuente de inspiración del ensayo, explicita Rose, es
Michel Foucault, aunque plantea estudiar las formas de subjetivación y de
gobierno, más allá del campo de la ética. Un eje sería el de historia de las
mentalidades, las tecnologías intelectuales, otro serían las técnicas
corporales. También estudiarlo en relación con los ensamblajes, con
localizaciones espaciales, es decir con formas de organización del habitat
humano. La última cuestión es la relación con todos aquellos movimientos
que han cuestionado la identidad, inventada por todos aquellos que quieren
clasificar para dominar o controlar. Sería cuestión de valorar el coste de cualquier
política identitaria y el papel que ha tenido la psicología para fomentar estas
identificaciones.
Hay que hacer una
genealogía de la subjetividad desde la relación que se ha dado en los dos
últimos siglos entre lo psicológico, lo gubernamental y lo subjetivo. Se trata
de pensar contra el presente, en el sentido de explorar los horizontes y las
condiciones de posibilidad de lo subjetivo, tal como lo entendemos hoy. La
función crítica permite mostrar su contingencia y, por tanto, la posibilidad de
transformación de lo que hay, al abrir el campo de lo posible. La historia
de la psicología, como la de otras ciencias, es una "historia
recurrente" (según el decir de Georges Canguilhem), que es una manera de
legitimar a través de una serie de textos la realidad de la imagen actual de la
disciplina. Se trata de justificar el presente a través de la continuidad de
una tradición hecha a medida, marcada por unos criterios de inclusión y de
exclusión en la que se marca lo decible/indecible, lo pensable/impensable. Es lo
que Michel Foucault llamaba "un régimen de verdad". Hasta la ´década
de los 60 del siglo XX todas las historias de la psicología eran recurrentes. A
partir de aquí la sociología y la crítica cultural empezaron sus desafíos y se
plantearon los condicionamientos económicos y corporativos o la utilización de
la psicología como un instrumento del Estado. Todo ello le parece a Rose
insuficiente, ya que la psicología ha desempeñado un papel fundamental en las
técnicas que vincularon la autoridad a la subjetividad a lo largo del siglo XIX
y XX, en particular a las relacionadas con las sociedades liberales. Para los
sociólogos y antropólogos construimos el mundo desde categorías socioculturales,
una de las cuales es la psicología. Pero la psicología no debe entenderse como principalmente
como un discurso, sino como una tecnología humana, es decir una racionalidad
práctica constituida por una serie de ensamblajes que buscan actuar sobre los
seres humanos con la intención de orientar su conducta en una determinada
dirección. Lo que se constituye, en todo caso, es un régimen de verdad, lo cual
se hace siempre con una cierta violencia, siempre a través de redes
interconectadas, de negociaciones y problematizaciones diversas. El territorio
psicológico se ha creado a través de la persuasión y la negociación entre autoridades,
tanto sociales como conceptuales, lo cual supone la implantación de un modo de
percepción, la instauración de un vocabulario. En la psicología se da una
peculiar alianza entre investigadores y profesionales, productores y
consumidores del saber psicológico.
A partir del siglo XIX la psicología caminará para
constituirse como una disciplina científica, pero a finales de siglo se
consolidará con dos técnicas incorporadas a partir de otras disciplinas
científicas: el experimento y, sobre todo, la estadística, Las técnicas
estadísticas pasan de ser una condensación de lo empírico a ser una
materialización de lo teórico. Todo ello es paralelo a una psicologización de
diversos ámbitos, compuesta por la influencia de una red compleja y heterogénea
de agentes, lugares, prácticas y técnicas para la producción, difusión,
legitimación y utilización de verdades psicológicas. La conducta de las
personas se torna y sus habilidades, personalidades y actitudes devienen
centrales para la deliberación y los cálculos de autoridades sociales y
teóricos psicológicos. Para Michel Foucault, la psicología tenía "
perfil epistemológico bajo", ya que las reglas que gobiernan la
constitución de su saber están ellas mismas estructuradas por unas relaciones
institucionales. Foucault utiliza también la noción de "superficies de
emergencia" para investigar los dispositivos (familia, trabajo, religión)
a partir de cuyas normas empiezan a dibujarse las desviaciones desde las cuales
se clasificará estas conductas como enfermedad, locura, delito.
La reflexión del psicólogo no supone una intervención polémica sino
una racionalización de los dominios de experiencia para volverlos comprensibles
o calculables. La psicología como tecnología plantea tres dimensiones en su
relación con la subjetividad y el poder: la transformación de los programas de
gobierno, que adoptan un tono psicológico; el cambio en la configuración de la
autoridad, en la que aparecen nuevas figuras; y, sobre todo, en el de la
ética como arte de vida, que incorpora todo un repertorio de nociones de la
psicología. La construcción de lo psicológico ha transformado la
percepción y las finalidades de los sujetos en relación consigo mismos y con
los otros. El objetivo de la psicología crítica es hacer visibles las
relaciones ambiguas entre la subjetividad, las verdades que establece y el
poder. esta función crítica posibilita pensarlo de otra manera.
La sociedad se consolida
como noción clave en las sociedades europeas del siglo XIX. Lo social es así un
matriz de deliberación y acción, el objeto de cierto tipo de saberes, el lugar
de ciertos predicamentos, el campo delimitado por ciertas clases de dispositivos
y el objetivo de diversos programas y ambiciones. La psicología nace en el
siglo XIX dentro de este contexto de predominio de lo social. A medida que la
mente humana se convierte en el objeto de una ciencia positiva, la subjetividad
y la intersubjetividad se convierten en blancos del gobierno, en el sentido de
"gubernamentalidad" introducido por Michel Foucault. Como un conjunto
de instituciones, procedimientos, análisis, reflexiones, cálculos y tácticas
que tienen como finalidad el gobierno de la población. La gubernamentalidad es,
por tanto, una combinación de racionalidades prácticas y de tecnologías humanas
para modelar las conductas. Empieza a tomar forma en la Europa del siglo XVIII.
Surge la noción clave de "población" como objeto de la dominación
política. El ejercicio del poder político dependía de cálculos y planificación
racional para promover el bien de las personas. A esto se le llamó
"ciencia de la policía" Para ello era necesario recoger y clasificar
la información de la población y para ello utilizó la psicología.
Aparece el liberalismo como la reflexión sobre los límites
de la acción del Estado. Su función es posibilitar el buen funcionamiento de la
sociedad civil, del mercado, de la familia. El gobierno necesita del saber
y aquí la psicología ocupa un lugar importante, ya que con su vocabulario
cumplió dos funciones importantes: la primera fue que la subjetividad fue incorporada
a los ámbitos de la escuela, la fábrica, la familia... allí es donde están las
"superficies de emergencia"; la segunda fue la de constituir la
subjetividad y la intersubjetividad como objetos de la administración racional,
con lo que la psicología legitima las actuaciones políticas con el lenguaje de
la ciencia con la importante ayuda de la estadística. Se trata de transformar
los sujetos en números, en el marco de la noción de "población".
Aparecen también los "test" como formas de clasificar. El tema de la
sujeción se entiende cada vez más no como una forma de dominio, sino como un
dispositivo que transforma al sujeto que, desde su libertad, se ha dejado
modelar la conducta. La libertad se convierte en un imperativo y el gobierno de
las mentes del sujeto moderno se efectúa a través de una red tecnológica
construida para mantener el autogobierno de los ciudadanos y conseguir que sean
los sueños de las autoridades y la persuasión de los expertos los que hacen que
nos gobernemos a nosotros mismos de una determinada manera. La genealogía
de la subjetividad no denuncia estos procesos sino que hace el diagnóstico para
posibilitar la prescripción de antídotos contra sus excesos.
Desde mediados del siglo
XX, el gobierno de la conducta humana se transformó en una actividad
intrínsecamente psicológica. Pero no es cierto que haya previamente una
ciencia, que es la psicología, y que luego se aplique a diferentes ámbitos y menos
aún que la psicología trate de las conductas normales. Justamente la psicología
aparece como problematización, como la necesidad de inventar técnicas para
corregir las desviaciones y creando expertos en su diagnóstico y tratamiento,
nuevas formas de autoridad a los que se atribuye un saber-hacer que puede
trasladarse a muchos aspectos de la vida social. Esta pericia les permite
asesorar a gerentes, profesores, padres, educadores sociales. Pero no lo hace
desde sus instituciones, que no las tiene, sino desde diversos territorios
sociales, institucionales, donde los individuos se han de cuantificar, han de
ser calculables y administrables, y esto desde un estatuto, el del psicológico,
al que se le da una naturaleza ética. Un elemento importante es que, en
una sociedad como la nuestra, llamada sociedad del riesgo, los profesionales
necesitan la pericia psicológica para ir del presente al futuro para
cuantificar los factores de riesgo y adoptar decisiones en función de
ello.
El último y muy importante aspecto es mostrar cómo se
inscribe la psicología en las prácticas éticas de los individuos, que se
evalúan a sí mismos en relación con lo que es verdadero y falso, bueno o malo,
normal o anormal. Lo que hay de específico es, precisamente, este tono
psicológico de estas "técnicas de sí mismo" a través de las cuales
nos pensamos, valoramos, consolamos y reformarnos siguiendo criterios
psicológicos de verdad y falsedad. El antecedente es. como señala Foucault, la
confesión cristiana. Es importante que situemos todo este proceso en el
contexto de la gubernamentalidad, es decir, en la racionalidad práctica del
gobierno liberal democrático que consiste en conciliar la autoconducción de la
conducta manteniendo el equilibrio el sujeto libre y el sujeto social. La
transición a las economías de mercado y al pluralismo político requiere la
intervención de los ingenieros de la mente humana que son los reversos de la
libertad que quieren garantizan las democracias liberales.
En los siglos XIX y XX se
ponen en marcha, en las sociedades liberales occidentales, una serie de
programas para el gobierno de áreas crecientes de la vida social y económica,
que tenían una serie de objetivos: garantizar la seguridad de la propiedad, la
tranquilidad de la producción, la virtud moral y la responsabilidad personal.
Ello planteaba la necesidad de cálculo formalizado en relación a medios y a
fines y aquí la psicología jugó el papel clave para esta contabilidad, ya que
construyó un dispositivo para convertir las capacidades y los procesos mentales
en información desde la que establecer cálculos. Siguiendo a Michel Foucault,
Rose considera que todas las disciplinas "psi" tienen su origen en
una inversión del eje político de la individualización. Es decir, en objetivar
a los sujetos a partir de técnicas que permitan diferenciar para clasificar y
establecer un plano de visibilidad que registra las diferencias individuales
para evaluarlas en función de la norma, muchas veces establecidas en términos
puramente comparativos. La observación individualizante estabiliza al sujeto
traduciéndolo en categorías observables, medibles y controlables. La psicología
se consolida en la medida en que es capaz de producir estos medios técnicos de
individuación de la subjetividad humana y el test psicológico de inteligencia
fue el paradigma de este proyecto, que consiguió que el intelecto se volviera
gestionable sobre la base de la representación estadística de la variabilidad
humana mediante el uso de la curva normal. La diferencia se reduce al orden
mediante la representación estable, predecible y bidimensional de la
normalización, todo ello inscrito en una psicología evolutiva en la que se
seguía toda la formación del niño. Muchas críticas a la psicología social desde
la sociología crítica se plantean por su carácter normalizador, pero también
deberíamos cuestionar la psicología que defiende las relaciones sociales, las
tecnologías autorreguladoras y los sistemas éticos para la autorealización. La conclusión es que la psicología como técnica individualizadora
hace de los sujetos humanos algo manipulable tanto por los gobernantes como por
uno mismo
Entre 1930 y 1950 nace la psicología social muy vinculada a las
exigencias de la sociedad democrática, en la que gobernar significa hacerlo
mediante sus libertades, es decir, a través de sus elecciones, lo que implica
que hay que hacer que los ciudadanos sean aliados voluntarios de los
gobernantes. La psicología social se convierte en un complejo de saberes,
técnicas y normas que dan a los gobiernos liberales instrumentos para el
gobierno de las conductas. Lo cual no quiere decir, claro, que la psicología
social no haya estado al servicio de sociedades antidemocráticas. Siempre se
trata de administrar la vida de los ciudadanos sin provocar resistencias. La
psicología social provee así a los gobernantes de tecnologías
intelectuales (formas de ver, de diagnosticar, de evaluar y enjuiciar) y aparecerán
dos nociones claves de la psicología social: la de "actitud" y la de
"grupo". Con "actitud" se quiere hacer transparente la
predisposición hacia la vida social del sujeto y con "grupo" se
quiere mostrar que hay que potenciar una entidad intermedia, entre el individuo
y la multitud, que sea manejable. La psicología social crea dispositivos de
inscripción a través de diagramas, gráficos, tablas, cartas y números que
materializan las habilidades humanas en forma de cálculo y normalización.
A partir de 1930 se descubre en EEUU la "opinión
pública", que se vinculará a las técnicas de comunicación y de propaganda
para convencer, es decir, manipular, a los ciudadanos. En Gran Bretaña se toma
un rumbo diferente. No es el psicólogo, sino el psiquiatra el que dominará en
el tiempo de guerra a través de la preocupación de la salud mental de la
población. La psicología social fue construyendo los objetos teóricos que
podían ayudar a resolver las problematizaciones que aparecían en la sociedad
democrática. En las imágenes de la subjetividad y la intersubjetividad que
debían favorecer el bienestar de la sociedad democrática. Se trataba de dar a
la autoridad el máximo atributo de racionalidad y objetividad. Un saber
psicológico sobre las actitudes y el funcionamiento del grupo permitirían así
alinear las demandas del gobierno democrático con la libertad de los
gobernados.
La imagen más potente del
neoliberalismo es la del "sí mismo" emprendedor. Lo es porque se basa
en un aspecto de la visión que tiene el hombre contemporáneo de sí mismo, que
es la de un sujeto libre y responsable de sí mismo y de la vida que ha elegido.
Un ser subjetivo que busca su realización personal. Los apoyos a este proyecto
lo encontramos en los expertos en la subjetividad, formados en todas las
disciplinas "psi". Michel Foucault sugirió que hemos de entender las
formas de subjetivación con las del poder, pero no entendiendo el poder como
algo que se opone al sujeto, sino como algo que atraviesa todas las prácticas
que le conciernen. Las relaciones de poder crean y modelan los sujetos. Podemos
explorar estas relaciones en tres dimensiones interconectadas. La primera, la
política, fue denominada por Foucault, "gubernamentalidad” y son el
conjunto de nociones, cálculos, estrategias y tácticas a través de las cuales
diversas autoridades han querido intervenir en la vida de cada uno para
llevarlos a su bienestar. La segunda es la institucional, que opera en los
diferentes lugares en los que nos movemos y donde operan las tecnologías
humanas. La tercera es la ética, que es la manera como el sujeto se evalúa a sí
mismo a partir de un determinado proyecto ético que ha elegido y que se
establece a partir de una serie de criterios: verdadero/falso;
deseable/indeseable; permitido/prohibido. La cultura empresarial cada vez
abarca más estos tres ámbitos. Es un modelo que permite entenderlos en términos
de costes y beneficios, de inversiones y de recursos y todo ello entendido en
relación a un proyecto. Lo empresarial es potente para la racionalidad política
de los gobiernos liberales. La cultura terapéutica del "sí mismo" ha
sido uno de los elementos más característicos de la época que vivimos. El
sujeto debe convertirse en su propio empresario para maximizar sus capacidades,
para ser feliz y mejorar su autonomía. Lo terapéutico ha subjetivado lo
cotidiano, incluido el trabajo. La ética empresarial queda integrada en esta
cultura terapéutico, con lo que el trabajo pasa a ser una parte de esta
autorealización persona, incorporando como valores la creatividad, la innovación,
la productividad y la eficiencia. Incluso el desempleo se plantea como un reto
activo de encontrar un buen trabajo. Lo mismo ocurre con el consumo,
con lo que pasamos a ser consumidores responsables. Finalmente, con la familia
ocurre lo mismo: cada cual elige el modelo que más le conviene. Los que
quedan excluidos, es decir, los marginados que no pueden responsabilizarse de
sí mismos, deben entonces ser cuidados por la comunidad y/o controlados por el
poder policial.
Todo este análisis formaría parte de lo que Michel Foucault
llamaba "una ontología del presente", que es la de entender como
hemos llegados a la subjetivación contemporánea. Rose plantea que su objetivo
no es denunciar esta forma de subjetivación ética, sino de abrir un especio
crítico sobre ellas. Entender que estamos en un terreno ético-político que va
más allá de las diferencias entre izquierda y derecha, que es la de la gubernamentalidad
liberal. Que lo que hace es internalizarnos la necesidad de ser sujetos libres
y autónomos, pero desde una red compleja de expertos que nos van imponiendo
unas determinadas nociones y tecnologías que son, en gran medida, las de
la cultura empresarial.
Nikolas Rose únicamente no partirá únicamente de las conceptualizaciones
de Michel Foucault, ya que también utilizará, a su manera y sin pretensiones de
fidelidad, algunas conceptualizaciones de Deleuze y Guattari. Sobre todo, su
idea de entender a los humanos como un conjunto de partículas y de fuerzas que
afectan y son afectados. Aquí se combina este plano inmanente, de conexiones,
que es centrífugo, con el plano de la organización, que es centrípeto, que nos
forma como sujetos y nos estructuran como tales. Estas son, para Rose, las preguntas
interesantes: ¿cómo se subjetivan los humanos? ¿en qué ensamblajes? ¿cuál es el
papel de las disciplinas psi en la subjetivación actual? La pregunta no es que
somos sino qué hacemos y sabiendo que las prácticas de subjetivación son
históricamente contingentes. No son "a priori", son un efecto de la
socialización. De lo que Rose quiere huir es de hacer del cuerpo la
referencia final. Porque no somos un cuerpo dado, discreto y envuelto en una
piel, habitada por una mente que nos subjetiva. No, el cuerpo es también una
construcción sociocultural cultural (imaginaria y simbólica, como nos ha
mostrado el psicoanálisis).
Tampoco comparte Rose la consideración de que es el lenguaje la
causa de la subjetividad, cómo plantea por ejemplo Émile Beneviste cuando dice
que hay sujeto porque hay pronombre personal, es decir sujeto de enunciación y
esto es lo que da lugar a una posición subjetiva. Rose considera, y sigue aquí
también a Deleuze y Guattari, que el sujeto se da siempre en un régimen de
signos que refleja una organización de poder en un espacio y en un tiempo, una relación
entre un sujeto y un objeto que se da en un determinado régimen de verdad. Finalmente
cuestiona también la idea del yo narrativo, muy planteado en términos de
comunicación (con uno mismo y con el otro) y como significado. La propuesta es
hacerlo en relación con unas tecnologías de subjetivación.
La reflexión final hace referencia a los cuatro ejes de los
pliegues que plantean Deleuze y Guattari y la manera como Rose considera que se
concreta en la sociedad actual. Primer eje: lo que se pliega, que si en
Grecia era el cuerpo y sus placeres, en el medievo la carne y el deseo, ahora
es el sí mismo. Segundo eje: la autoridad capaz de desplegar una normativa.
En este caso son los profesionales de las disciplinas psi los que formulan de
qué manera hemos de relacionarnos con nosotros mismos. Tercer eje: la
veridicción que funciona en cada pliegue, que en el momento actual es la del
psiquismo. Cuarto eje : la esperanza que implica cada pliegue, que es la de la
libertad.
Para Nikolas Rose es importante analizar los escenarios en
los que se administran los pliegues, sus aparatos y sus contextos, pero lo
importante es ver el diagrama común. En este caso es el de un ser que se
considera libre por saberes esenciales sobre sí mismo, que delimita la posibilidad
del sí mismo en el mismo momento en que otorga a estas posibilidades el
estatuto de verdad. Este ser psicológico es el que se encuentra detrás de todas
nuestras actividades. la interioridad que se les ha dado a los humanos a través
de aquellos proyectos que buscan conocerlos y actuar sobre ellos para decirles
su verdad y hacer posible su felicidad. Es este ser que buscamos autogobernar
bajo el ideal de la felicidad. Ideal regulativo que plantea proyectos de
emancipación, pero también muchas cargas y ansiedades.
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