martes, 21 de enero de 2014

PAUL RICOEUR : ESCRITOS DE FILOSOFIA Y PSICOANÁLISIS

  



Escritos y conferencias 1. En torno al psicoanálisis.

Paul Ricoeur

Presentación de Jean-Louis Schlegel

Artículo de Vinicio Busacchi

( Traducción de Agustín Niera Calvo)

Madrid : Trotta, 2013.

 Escrito por Luis Roca Jusmet

  Aunque Paul Ricoeur no sea un pensador mediático ni de culto, como lo fueron otros filósofos franceses de su generación, nos encontramos con uno de los filósofos más consistentes e interesantes del siglo XX. Nació en 1913 ( este año es el centenario, por tanto, de su nacimiento)y murió en el 2005. Ricoeur fue creyente durante toda su vida, pero tuvo la capacidad de diferenciar sus trabajos hermenéuticos de tipo bíblico del trabajo filosófico, abierto y riguroso, que le caracterizó. Formado inicialmente en la fenomenología y con simpatías hacia el personalismo cristiano de Mounier, desarrollará una línea de pensamiento propio que podemos situar en la línea de la hermenéutica, aunque sin despreciar otras corrientes de la época como la de la filosofía analítica, de la que extrajo algunos de los aspectos más aprovechables. Ricoeur inventó el término Maestros de la sospecha para referirse a Marx, Nietzsche y Freud ; idea muy renovadora en su momento  aunque después perdió su fuerza  al convertirse en un tópico. Buen conocedor del psicoanálisis escribió un libro muy sugerente sobre la interpretación de la cultura de Freud.

El libro que nos ocupa es una interesante sistematización de los diversos artículos que escribió a lo largo de su vida sobre psicoanálisis. Son una excelente aportación de Ricoeur a la relación entre filosofía y psicoanálisis, encuentro dificil, siempre algo fallido, pero que no por ello deja de ser fecundo. Freud desconfió de la filosofía académica, aunque admiraba a los clásicos, tanto de la filosofía ( Platón ) como de la literatura ( Sófocles, Shakespaeare). El primero que estableció el lazo entre filosofía y psicoanálisis fue Jacques Lacan. Los filósofos más importantes, junto a Ricoeur, que han trabajado esta interacción han estado influenciados por él : Cornelius Castoriadis o Slavoj Žižek. Ricoeur era contemporáneo de Lacan y asistió a casi todos sus seminarios, aunque prácticamente no lo cita, como comprobamos en estos artículos.

La presentación de Jean-Lois Schlegel es una buena iniciación a la lectura de unos textos que tienen un mismo hilo conductor, aunque traten de temáticas diferentes. Algunos de ellos complementan bien el libro central de Ricoeur sobre psicoanálisis ( Freud, una interpretación de la cultura, escrito en 1962). Estos artículos están referidos al arte ( “Una última escucha de Freud”, 1962; “Psicoanálisis y arte”, 1976) o la moral ( “Psicoanálisis y valores morales”, 1974). Igualmente hay otro, “El ateísmo del psicoanálisis freudiano”, escrito en 1996, que presenta un indudable interés. El artículo final del italiano Vinicio Busacchi, a modo de epílogo, también resulta muy clarificador para acabar de encuadrar el conjunto de lo leído.

Hay dos elaboraciones temáticas en las que quiero centrarme. Una es la epistemología del psicoanálisis. Me parece muy relevante porque el psicoanálisis ha sido justificado por los que se han adscrito a él o simplemente rechazado por los que se sitúan en posiciones muy cientifistas. Ricoeur realiza en dos de los artículos del libro ( “La cuestión de la prueba en psicoanálisis”, 1977;

Psicoanálisis y hermenéutica”, 1978) un paciente trabajo analítico para ver cual es su justificación y como hemos de valorarla desde un punto de vista amplio, no restrictivo, de ciencia. Entendemos aquí por ciencia lo que se fundamenta en algún tipo de contratación. Ricoeur marca aquí varias cuestiones imprescindibles para este abordaje. La primera es que es una ciencia hermenéutica, es decir, basada en la interpretación y no en la descripción. La segunda que la realidad de la que trata no es un hecho, es decir una realidad física. La verdad del psicoanálisis no puede ser así una adecuación a los hechos. Porque de lo que habla es de una realidad muy peculiar, que es la realidad psíquica. Esta realidad psíquica es, de alguna manera, una construcción narrativa del sujeto. La verdad será, por tanto, el acceso a esta fantasía que estructura el relato de cada cual. Para ello habrá que hacer una lucha contra las resistencias a aceptarla. Aquí vemos la conexión que se da en el psicoanálisis entre los conceptos teóricos, el procedimiento de investigación y el método terapéutico. Porque es a través de este método terapéutico cómo podemos acceder a la verdad psíquica de cada cual. Es decir, que solo es posible en el marco del propio análisis y de la comunicación intersubjetiva entre el psicoanalista y el paciente. La fantasía se articula a través del deseo porque éste es semántico, es significativo. El deseo es, de esta forma, específicamente humano. Se trata de buscar no las causas sino las motivaciones. Interpretando los sueños, los lapsus, los síntomas y las palabras. Siempre a través de la mediación simbólica del lenguaje, que le da una dimensión social y no únicamente privada.

Pero estos dos artículos y la reflexión que derivan de ellos se completa con un tercero que me parece excepcional, “Imagen y lenguaje en psicoanálisis” ( 1979). Excepcional por la brillantez de este denso y pequeño ensayo sobre el imaginario lingüístico, Es decir sobre un intento de superar tanto el dualismo lacaniano ( que establece entre el imaginario y lo simbólico) como el monismo de Castoriaidis, que reduce lo simbólico ( el lenguaje) a un imaginario radical.

El segundo tema que he citado como fundamental es el del yo narrativo. Esta me parece una de las grandes aportaciones de Ricoeur al tema de la identidad personal. Es, de alguna forma, una tercera vía que permite salir de la identidad sustantiva ( de la escolástica o de Descartes) y su opuesto, la identidad como ficción ( como plantea Hume o Nietzsche). Incluso el gran seudocientífico Antonio Damasio ha incorporado esta noción de yo narrativo en sus investigaciones sobre las funciones del cerebro humano. Para esta elaboración Ricoeur recurre a los clásicos : La “poética” de Aristóteles y el esquematismo de Kant. La vida es la configuración de una trama tejida por la manera como nos explicamos nuestra vida a nosotros mismos. Se trata de encontrar las estructuras fundamentales y el hilo conductor que expliquen lo que somos. En realidad, aunque no somos los autores ni los guionistas de nuestra vida sí podemos ser los narradores de nuestra historia. Quizás sea esta, dice Ricoeur, la función del tratamiento analítico : posibilitarnos hacer de nuestras experiencias, incluidos los traumas, un relato coherente. Incluso podríamos definir, dice, la psicopatología como la imposibilidad de escribir la propia historia. La narración, de todas maneras, es siempre incompleta. Porque ni podemos escribir el principio ( concepción, nacimiento) ni tampoco el final. En todo caso se traza un camino, un horizonte de espera, un proyecto. “ la vida, un relato en busca de narrador” ( 1994) y un texto anterior, “ El relato : su lugar en el psicoanálisis” son los dos artículos que nos transmiten todas estas sugerentes reflexiones.

Me gustaría citar finalmente un artículo que no podemos olvidar ( “El self según el psicoanálisis y según la filosofía fenomenológica”, 1986 ) porque nos explica, a partir de la analogía con una corriente psicoanalítica ( la representada por Heinz Kohut) , los tres caminos del reconocimiento humano por parte del otro: la de la lucha a muerte ( Hegel), la del maestro que reconoce al discípulo ( Hursell) y la del otro como semejante ( Levinás).

Un libro, en definitiva, muy interesante. ¿ Para quién ? Para todos los interesados por la filosofía y el psicoanálisis. ¿ Críticas ? Quizás dos.. Una es que que Ricoeur no acaba de sacar suficiente partido de elementos introducidos por Lacan: lo real como lo insoportable, la diferencia entre goce y placer, la pulsión como negación del instinto y, por tanto, de lo natural en el hombre. Otro que, como decía Žižek esta narración siempre choca con la roca del inconsciente. Es decir, que el margen que tenemos para ser veraces en nuestra narración y no explicarnos cuentos sobre nosotros mismos, es muy estrecho.




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