miércoles, 22 de enero de 2020

¿ QUÉ ES EL YO PARA EL PSICOANÁLISIS ?


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Escrito por Luis Roca Jusmet

A esta situación se refiere el mito de Narciso. Cierto que está enamorado de su propia belleza., pero el mito seguiría teniendo sentido si amara su propia infelicidad. Se inclina al borde del agua indiferente a la voz que le pide que retroceda; quiere acercarse más y más a la imagen de sí mismo reflejada en la superficie del agua; en el mometo de esta unión consigo mismo, se ahoga. La estructura emocional del mito es que cuando uno no puede distinguir entre el yo y el otro y trata a la realidad como una proyección del yo, se halla en peligro. Este peligro está contenido en la metáfora de la muerte de Narciso: se inclina tan cerca del espejo de las aguas, su sentido del exterior está tan absorbido por los reflejos de sí mismo que el yo desaparece, queda destruido. En la vida ordinaria, tras la caída en el agua, como si dijéramos, el perfil clínico que presenta el paciente es el de sentirse muerto interiormente, sentir que uno no vale nada y ver que en el exterior no hay nada que valga la pena.                       
                                                                                                   Richard Sennett



    Jacques Lacan plantea que la teoría del yo más fiel con el genio freudiano hay que abordarla desde dos aspectos claves: desde el yo corporal y desde las identificaciones. Esta declaración de principios la enfrenta radicalmente con otra interpretación del psicoanálisis centrada en la psicología del yo, entendido éste como la esfera libre de conflictos, el elemento mediador  que la cura psicoanalítica ha de reforzar. En este sentido un yo fuerte sería la garantía de una buena adaptación y, por tanto de una vida satisfactoria, es decir, sana. Para Lacan, por el contrario, lo que tiene que hacer el yo es abrirse al ello, no intentar dominarlo. 
   Si rastreamos directamente en Freud comprobamos que su teoría del yo es muy compleja que puede ser interpretada de varias maneras. A partir del “Proyecto para una psicología para neurólogos”, la noción de yo constituye uno de los hilos conductores de su elaboración teórica, que formula básicamente en  “Introducción al narcisismo” y  “El Yo y el Ello”. Pero no hay que olvidar otros escritos interesantes como “Duelo y melancolía”, “Psicología de masas y análisis del yo” y “”La escisión del yo en el proceso defensivo.” En todo caso lo que sí puede afirmarse es que hay una serie de elementos que son indiscutibles en la teoría freudiana del yo (y la diferencia de interpretación está en como se articulan todos estos aspectos): El yo es una instancia psíquica diferenciada del ello y del superyo y es el producto secundario de una acción psíquica específica y no de una derivación biológica espontánea.  El yo tiene una función mediadora  respecto a la prueba de realidad  (a la que nos someten las exigencias del entorno y de los otros) y a las tensiones internas ( derivadas de la presión contradictoria del ello y del superyo). Las identificaciones son un elemento constitutivo del yo y una función reparadora de las pérdidas de aquellos a los que amamos. El yo tiene una función unificadora de los límites corporales (la superficie del cuerpo, la envoltura corporal) y es la proyección del organismo en el psiquismo El yo es objeto de la líbido a través del narcisismo (El mito de Narciso, como sabemos, es el amor a la imagen de sí mismo) que se inscribe por lo tanto directamente en el 
 registro del  imaginario.
   Si vinculamos el yo con el imaginario es básicamente a través de las identificaciones, aceptando la definición lacaniana de que una identificación es la transformación de un sujeto a partir de una imagen. En esta línea el yo percibe imágenes que una vez recibidas e inscritas conforman su propia sustancia. Podemos ampliarla a partir de la definición de Laplanche y Pontalis en su diccionario de psicoanálisis:
 El proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones. 
 Para Freud la identificación es un movimiento de absorción que va hacia el otro  y que puede llevar hasta el límite de querer devorarlo psíquicamente. Como ejemplo podemos recordar como en la película El hombre que mató a Jesse James en la que éste le pregunta a su futuro asesino (que  le admira de una forma absoluta): ¿Quieres ser como yo o quieres ser yo ?  Habitualmente esta identificación se puede realizar de dos formas diferentes: como deseo consciente de ser como el otro o como deseo inconsciente de ser el otro, en el que éste ser puede identificarse con sus rasgos visibles o con algo mucho más increíble e inquietante: su fantasma inconsciente. La identificación no designa entonces en Freud algo tan importante como el amor (en el que nos queremos identificar con aquel a quien amamos) sino la formación del yo, porque somos la memoria de los seres que hemos perdido y con los que nos hemos  identificado apropiándonos de algún aspecto que les pertenece. Lo que explica por tanto que seamos lo que somos es un precipitado de identificaciones que vamos realizando a lo largo de nuestra existencia, pero cuyas raíces establecemos en la infancia. Freud trata la identificación  a partir de la clínica en un texto relativamente tardío que es “Psicología de masas y análisis del yo”, en cuyo capítulo VII analiza la identificación histérica como una posición femenina de identificación, en la que la que se quiere atraer al Padre  identificándose con un rasgo la Madre o bien identificándose con él. Lo que busca la histérica con esta identificación es o bien ocupar el lugar de la Madre para atraer el Padre o bien ser ella como el Padre. Tenemos así los dos tipos de histeria: en el primer caso una mujer dominada por un síntoma  y en el segundo una mujer masculinizada.  Pero hay que diferenciar claramente esta identificación con la identificación melancólica, que tiene un carácter narcisista porque la carga amorosa del objeto vuelve al yo. En la identificación histérica, en cambio, la carga del objeto se mantiene y por tanto nos identificamos no con el otro sino con algo suyo, por lo que el éste se mantiene independiente de nosotros con una carga amorosa que depositamos en él. En realidad hay en esta identificación algo paradójico, porque conservamos el objeto y por lo tanto nos identificamos con algo de alguien que permanece fuera de nosotros. A partir de estas reflexiones Freud intenta explicar un fenómeno contemporáneo que es el de la psicología  de masas y lo hace a partir del vínculo que une al individuo con la masa a través del Ideal. Lo que hace éste es ocupar simbólicamente el lugar del objeto amado de la masa y así puede unificarla a su alrededor. El líder, al que idealizan como encarnación de este Ideal, ocupa entonces también un lugar paradójico, ya que el individuo que forma parte de esta masa lo considera como al mismo tiempo una parte de sí mismo y por otro lado alguien que está afuera a quién engrandece idealizándolo. Freud pensaba en  el ejemplo de Hitler, cuyo modelo se ha repetido una y otra vez con líderes más contemporáneos como Mao o Milosevic. Este mecanismo es opuesto al del enamoramiento, ya que aquí se empobrece el sujeto en proporción inversa al engrandecimiento del objeto amado. Este último queda idealizado y nunca nos identificamos con él porque se mantiene como objeto independiente al que queremos poseer y que siempre será inalcanzable.
 Lacan es el que trabajará más a fondo la cuestión del yo como identificación imaginaria (estrechamente vinculada a la imagen corporal) a partir de su teoría del estadio del espejo. Irá reelaborando esta idea en relación con las modificaciones del concepto de  imaginario que va elaborando a lo largo de su obra. Ya en el año 1936 en su texto “Más allá de la realidad”, escrito el año 1936, planteará la imagen  como la cuestión nuclear de la psicología. Este texto queda recogido en sus Escritos, al igual que “El estadio del espejo como formador del yo” y “La agresividad en psicoanálisis”, todos de los años 40, y donde irá elaborando en profundidad su teoría del estadio del espejo. La clave del planteamiento es que la identificación imaginaria es básicamente una identificación especular. Es el  reconocimiento que hace el niño en el espejo (entre los seis y los dieciocho meses) el que permite dar forma, es decir imagen, a un cuerpo desmembrado. Lacan elabora esta noción a partir de las observaciones del comportamiento de los bebés ante el espejo y de los estudios de etología sobre el mimetismo animal. También serán fundamentales los estudios científicos del biólogo Bolk sobre el carácter prematuro, incompleto, del cachorro humano. Esta condición de desamparo funcional en la que el bebé se encuentra sin recursos frente a la presencia primera del Otro.  Este análisis lo relaciona con los estudios de conducta animal de Lorentz, en que, a partir del experimento de utilizar  estímulos artificiales (señales) éstos funcionan como la impronta  que determinará los ciclos instintivos del animal y posibilita las pautas de acción para moverse en un medio determinado. La imagen funciona, por tanto, como una forma que tiene una pregnancia en la medida en que el animal se reconoce en ella.
 Lacan constata este primer momento constitutivo del yo que es el que se realiza a partir de la identificación del niño con la imagen que capta en el espejo, que en un primer momento confunde con el otro. En un segundo momento ya entiende que es una imagen pero considera que es la del otro. En un tercer momento identifica finalmente la imagen como la suya. Al reconocerse como una unidad encuentra una identificación primordial cuando todavía no ha desarrollado su esquema corporal. El yo como entidad imaginaria, en el caso humano, se constituye a partir de estas imágenes pregnantes, es decir, de estas imágenes en que nos reconocemos porque tienen un sentido ligado al yo, primera expresión del narcisismo. En cierta manera lo que hace Lacan con su teoría del estadio del espejo (que irá madurando a lo largo de su obra) es ir eliminando la diferencia establecida por Freud entre la teoría del yo corporal y la del yo como identificación. La función imaginaria del yo es ambivalente, ya que por una parte es necesaria para la constitución de la imagen unitaria del yo pero por otra se transforma en autoengaño al ocultar su división real.
 En los escritos y seminarios de los años 50 es cuando Lacan señala la presencia fundamental y constituyente del lenguaje en este proceso. Aparece entonces la noción de identificación simbólica, es decir, al papel del Gran Otro en la identificación especular. El niño, nos dirá,  está también ligado a su imagen por nombres y palabras, y más tarde, como ya hemos señalado, por el Ideal del Yo y esta identificación simbólica con el ideal nos permite enraizar una identificación que nos permita un enclave a través del cual salir de la fascinación de las identificaciones imaginarias. En el ámbito del imaginario no hay salida, ya que hay que trascender la agresividad primaria (constitutiva inicial) a partir de lo simbólico, que es la mediación que permite el pacto, la pacificación. Hay que relacionar este trabajo teórico de Lacan, con su noción de cuerpo, que definirá como un organismo más una imagen. El cuerpo humano, que es la imagen que tiene un organismo con conciencia de sí, es una realidad secundaria. Está construida desde nuestro psiquismo y no tiene nunca el carácter innato de una realidad física primaria. Con esta noción de cuerpo Lacan nos plantea como hilo conductor que el organismo vivo, lo viviente, no es nunca suficiente como para constituir un cuerpo, ya que hace falta el registro imaginario. Pero no sólo éste ya que también necesita lo simbólico, puesto que para dar cohesión a una individualidad orgánica se necesita la categoría lingüística de Uno, con lo cual el cuerpo adquiere también tiene una dimensión significante. Y más adelante, cuando domine en la teoría lacaniana lo real sobre lo simbólico y el imaginario  el cuerpo será de un cuerpo de goce, inaccesible a la imagen y a la palabra. 
 Hay que mencionar igualmente, por sus interesantes aportaciones al tema, las reflexiones de otra potente psicoanalista francesa, Francoise Dolto ,contemporánea de Lacan. Sobre todo es fundamental su noción de imagen inconsciente del cuerpo. Parte de una diferencia básica entre el esquema corporal y la imagen del cuerpo. El primero es considerado común a la especie según la matriz de las características temporales y espaciales, ya que es el cuerpo físico, presente en el marco de la experiencia inmediata. Se basa en unas características innatas que se estructuran mediante el aprendizaje y la experiencia. Pero este esquema corporal es portador de una imagen inconsciente del cuerpo, que no es específica sino singular, y que es la síntesis viva de nuestras propias experiencias emocionales, eminentemente inconscientes. Es el soporte del narcisismo y tiene relación con el goce y con el lenguaje, por lo cual entrelaza en su formación el registro imaginario y simbólico.La imagen del cuerpo, al contrario que el esquema corporal, pertenece al orden del deseo y no al de la necesidad. Es también el inconsciente, lugar donde se elabora la experiencia profunda del sujeto. 

    Tiene tres aspectos dinámicos, el primero de los cuales es como imagen de base, que quiere decir como narcisismo primordial que nos da una identidad permanente en nuestro devenir individual. La psicoanalista da a esta noción de narcisismo primordial un sentido positivo, ya que es lo que nos liga a la vida y a la propia auto-aceptación ( lo que hoy se llama la autoestima) El segundo aspecto es el que nos posibilita una imagen funcional, que quiere decir una imagen dinámica en la que se encarna el sujeto del deseo. Nos permite salir del cuerpo biológico para querer vivir y  para ser un cuerpo deseante.El tercero, vinculado al anterior, es la condición para la imagen erógena, donde se focalizan el placer/ displacer erótico en relación con el otro. Si la denomina inconsciente es porque piensa que, paradójicamente esta imagen no es representable, y que es lo que el cuerpo aporta al inconsciente. Los tres aspectos combinados constituyen una especie de  matriz corporal de la subjetividad.
 Hay una polémica muy rica entre Dolto y Lacan sobre el estadio del espejoen la que la primera defiende la existencia de un narcisismo primario positivo, que en cierta forma es el portador de la energía vital con la que nos identificamos. A través del estadio del espejo, la autoimagen se sostiene por la palabra de la Madre, que es la que permite articular positivamente el imaginario y lo simbólico en el niño y Dolto considera siempre que la imagen especular ha de estar ligada necesariamente a la palabra, a lo simbólico, para llegar a buen puerto. Polemiza con Lacan  porque considera que éste tiene una concepción totalmente negativa del imaginario en la medida que lo vincula inevitablemente al quedar atrapado en la rivalidad agresividad y en un callejón sin salida narcisista. Françoise Dolto cuestiona además algunas afirmaciones lacanianas como la afirmación de que la reacción del niño frente a esta imagen especular es de júbilo. Las considera excesivamente especulativas y sin contrastación empírica, Pero en lo que difiere radicalmente de Lacan es en el carácter puramente óptico y visual que da esta experiencia., ya que la psicoanalista  la relaciona con una sensorialidad más amplia y explica de manera concreta como, por ejemplo, los ciegos de nacimiento viven esta identificación imaginaria en una modulación diferente. 
 Gerard Guillerault, que ha trabajado a fondo la relación entre los dos grandes psicoanalistas, nos muestra lúcidamente lo que les une, que finalmente  es que ambos aceptan una falta estructural en el ser humano, es decir, que hay algo incompleto en la imagen que no puede simbolizarse, de lo que no puede hablarse. Quizás no acabemos de entender a que se refiere pero intuimos que hay algo se nos escapa en la imagen de nosotros mismos y que tampoco la palabra puede expresar. Si para Françoise Dolto este enigma nos vincula al elemento más luminoso de la condición humana, para Jacques Lacan lo que expresa es su aspecto más oscuro y tenebroso.
  Los trabajos de Samí-Alí sobre el cuerpo en relación con el imaginario también gran interés. Por una parte insiste en que el cuerpo no se reduce a una realidad física sino que es también una imagen. La demarcación entre lo real y lo imaginario queda diluida a este nivel. Es la imagen del cuerpo proyectada en una superficie, que primero aparece en dos dimensiones (en contra de lo que dice Merleau- Ponty) y que no es aprensible sino a partir de las relaciones identificatorias que marcan las coordenadas espaciales (adentro/ afuera; izquierda/ derecha; arriba/ abajo; adelante/ detrás. Establecidas primero a través de la relación especular las coordenadas espaciales son biniculares, no existe en ellas la profundidad. Ésta sólo se introduce con la superación del estadio oral, que se experimenta como fusión con el cuerpo materno. La entrada en la etapa anal, que transforma el cuerpo en un objeto manipulable, que se puede poseer y dominar, implica entrar en una perspectiva tridimensional. Es el momento en que se configura la objetividad que nos permite acabar de separar el propio cuerpo del de los objetos, lo que supone la aparición de lo simbólico. Sami-Alí considera la percepción del rostro en el espejo como el final de un proceso de proyección cuya finalidad es constituir en su diferencia el rostro del otro, con el que anteriormente se había identificado primero (a través de la madre). Consolidando este proceso se cumple la separación entre el adentro y el afuera, superando la conciencia de esta experiencia como de lo siniestro (ligado a la percepción del otro como doble, en cuanto nos identificamos con él). Para Sami-Alí hay una coincidencia entre el descubrimiento del símbolo como sustitución de la madre (la experiencia que recoge Freud de su nieto y que le da el nombre de fort-da) y el reconocimiento en el espejo. Pero también la imagen del cuerpo se constituye en el tiempo, ya que el tiempo corporal se organiza en función de los intercambios precoces madre/ hijo y la percepción del tiempo objetivo, que corresponde a la fase anal.

domingo, 19 de enero de 2020

SOBRE EL DELIRIO

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 Escrito por Luis Roca Jusmet



Este escrito trata del delirio. Comenzaré por el riguroso estudio que el filósofo italiano Remo Bodei elabora sobre la cuestión,cuestionando radicalmente la tópica polarización convencional entre racionalidad/irracionalidad (delirio, locura). Lo que reivindica Bodei es que detrás de cualquier delirio siempre hay una lógica que tiene como función la reconstrucción de un psiquismo devastado.
Con ello  quiere sustituir el despedazado mundo mental anterior por algo nuevo que tenga una coherencia, aunque sea la del delirio. A medida que éste avanza como un alud psíquico el sujeto se aferra a él como a un clavo ardiendo. En su deriva va aumentando, paradójicamente, la certeza que tiene el sujeto a partir su propia reconstrucción delirante. Esto es lo que le hace atrincherarse cada vez más en su discurso y defenderse desde la falsa evidencia de la certeza absoluta. El delirante puede tener intuiciones muy agudas pero siempre las sobreinterpreta, de forma que la inteligencia, sin desaparecer, se pone al servicio de una lógica interna sin fisuras. La paranoia es el ejemplo paradigmático de este proceso, ya que en ella se quiere mantener la integridad del yo sosteniéndolo con sus identificaciones imaginarias que cierra herméticamente. De esta manera va transformando su angustia en una acusación contra un mundo externo que se presenta amenazador, como un Otro perseguidor. El filósofo italiano analizará otros aspectos específicos del delirio: su carácter metafórico, no reconocido como tal por el sujeto del delirio; la lógica excesivamente simétrica, rígida, donde pueden confundirse registros diferentes, con unos conceptos hiperinclusivos (que incluyen aspectos no convencionales  a los que se llega por una asociación  puramente subjetiva que resulta totalmente arbitraria para los otros.).
 Hay una gran afinidad entre este planteamiento y el del psicoanálisis, en el que en buena parte Remo Bodei se ha inspirado. Freud ya decía que hay en el delirio un núcleo de verdad. y en esta misma línea Lacan lo concibe como una reconstrucción simbólica del psicótico para defenderse de una devastación psíquica total. Lacan, que ya antes de descubrir el psicoanálisis había trabajado desde la psiquiatría el tema de las psicosis, plantea una elaboración teórica muy rica, efectuada desde la clínica, que abarca desde sus primeros estudios sobre la psicosis paranoica hasta sus últimos trabajos sobre Joyce. Sus referencias teóricas son su Seminario III (“Las psicosis”) y el texto “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis” y las dos  tienen como base el análisis freudiano de las Memorias de Scherber. Pero cuestiona que la construcción paranoica sea una defensa contra el deseo homosexual y no de la devastación psíquica a que conduce la psicosis. Lo que Lacan aprovechará de Freud será más la letra pequeña que las conclusiones.  Pero también continuará el proyecto, más o menos explícito en Freud, de explicar la psicosis a través de un mecanismo específico diferente de la represión (que es el propio del neurótico) y del la negación (específico del perverso). El psicótico experimenta fenómenos elementales que podríamos incluir inicialmente en el registro del imaginario (voces y alucinaciones) pero que adquieren sentido a partir  del discurso  que hay detrás,  que pertenece a lo simbólico y  por lo tanto al lenguaje. La estructura clínica psicótica se forma a partir de un mecanismo específico, que es el de la forclusión, que literalmente quiere decir la prescripción de una investidura, lo cual quiere decir que el sujeto queda privado de entrar en el orden simbólico, ya que esta inscripción es producto de la sustitución del significante del Deseo de la Madre por la metáfora paterna del Nombre-del-Padre.
 ¿Que quiere decir Lacan con esta formulación tan críptica para los no iniciados en su vocabulario? Lo que quiere manifestar es que el niño goza del contacto con el Otro Primordial (que puede ser la madre biológica o quién la represente) y que este goce deja una huella  (que es lo que Freud llama la identidad de la percepción, que consiste en alucinar la presencia de la Madre cuando ésta no está presente). El niño está aquí totalmente a merced de la Madre como el Otro Primordial  y es la entrada en el Orden simbólico (el Gran Otro) el que le permite  poner un límite a este goce y salir de él. Esto sólo es posible a través de la represión primordial del significante asociado al recuerdo de este goce con la Madre, que queda  sustituido por otro significante que representa la identificación simbólica con el Padre a través del Ideal del Yo. Este proceso  pone un límite al goce y posibilita la aparición del deseo, pero crea  un sujeto dividido, que es a la vez sujeto del inconsciente y sujeto simbólico. Así, si este proceso no es posible y éste otro simbólico del lenguaje y de la ley que nos separa del Uno primordial del goce no se consolida, entonces éste es  expulsado del psiquismo y aparece como un real insoportable que forma parte de la realidad. Falla la separación del Otro, lo cual tiene como consecuencia una irrupción psicótica que provoca el derrumbe autista (la esquizofrenia) o una reconstrucción simbólico-imaginaria de carácter delirante ( la paranoia) para evitar esta devastación psíquica total . Hay en el paranoico una certeza delirante del yo imaginario, en la que falla la simbolización, en el que no se acepta al Gran Otro pero al mismo tiempo se queda completamente a merced del Otro perseguidor y queda absolutamente  atrapado por su mirada, por su voz. Lo que hace siempre el paranoico es mantener los significantes independientemente de los significados, con lo que lo simbólico y el imaginario quedan totalmente desvinculados.
  Pero el Lacan de los años setenta vuelve sobre el tema y lo hace de una manera inquietante al plantear la locura como algo constitutivo de lo humano. Todos los hombres deliran, llegará a afirmar Lacan en esta época, porque siempre hay un agujero en lo simbólico, ya que falla la simbolización de lo real,  y no solo en los psicóticos. El tema de la locura en Lacan es complejo y para él no sería ni lo mismo la locura que la psicosis ni tampoco un fenómeno específico de ella, ya que puede haber una locura histérica o una psicosis compensada. En el texto más hegeliano de los Escritos de Lacan “Sobre la causalidad psíquica” ( cuya referencia filosófica es La Fenomenología del Espíritu de Hegel) en el que la locura se presenta, por una parte, como inseparable de la subjetividad y del psiquismo, que es un efecto del lenguaje y por lo tanto ligado al ser parlante. La locura tiene también relación con la infautación del yo, con la creencia delirante en el propio yo basada en  la identificación su imagen idealizada. Massimo Recalcati, brillante psicoanalista italiano, traza un lúcido recorrido sobre lo que considera las cuatro tesis de Lacan sobre la locura. En la primera la locura aparece como algo inseparable de la libertad, como el mismo  límite de la libertad (y no como dice la psiquiatría convencional un insulto o una traba para ella). Citemos textualmente a  Lacan:
  Lejos de ella  /la locura/  sea un insulto para la libertad, es su más fiel compañera, sigue su movimiento como una sombra. Y el ser del hombre, no sólo no puede ser comprendido sin la locura, sino ¿qué no sería el ser del hombre si no llevara en sí la locura como el límite de su libertad ? 

jueves, 26 de septiembre de 2019

MARIE-HÉLÈNE BROUSSE : ¿ QUÉ ES LO TRAUMÁTICO ?




Escrito por Luis Roca Jusmet

 Comparto nuevamente una conferencia de Marie-Hélène Brousse y un resumen escrito de lo que me ha aportado.
 La psiconalista francesa aborda lo traumático desde los tres ejes que introduce Freud :
 - La perspectiva del trauma histérico.
 - La perspectiva del trauma de guerra.
 - La perspectiva del trauma infantil.
 El trauma histérico nos permite entenderlo desde la noción de "fantasma". El proceso a través del cual Freud va investigando la histeria le lleva desde una supuesta seducción-abuso sexual de la niña por parte de un adulto de la familia hacia la comprensión que se trata de una realidad psíquica y no física. No se trata de un hecho biográfico sino de un deseo no realizado. El sujeto histérico elabora entonces, para enfrentarse a lo que no puede simbolizar, para construir un escenario ficticio desde el que organizar su goce que surge en el cuerpo, el cortocircuito pulsional que lo desborda. Este escenario ficticio es el fantasma, que siempre sigue el mismo esquema : el Otro me...
 El trauma de guerra es comparable a muchos acontecimientos contemporáneos, especialmente la víctima de los atentados. Está ligado a la repetición, al goce y a la pulsión de muerte. Una experiencia del sujeto que no puede integrar en su discurso, ya que escapa a lo previsible, al sentido. Lo que no puede ser imaginado ni pensado, lo real imposible que nos aparece. No hay inscripción posible en la continuidad del propio discurso, marca una ruptura, una discontinuidad.
 El trauma infantil aparece en el primer año, en el momento de separación entre el grito corporal y la llamada al Otro. En el momento de inscripción en el campo del lenguaje. Volvemos aquí al fantasma como respuesta imaginaria al Otro que no responde. Es la experiencia de la falta, de la ausencia del Otro parental o maternal. Tiene relación con el objeto voz y el objeto mirada. Este es el trauma banal, cotidiano, que cada cual arrastra consigo.
 En todo caso lo que Marie-Hélène Brousse deja claro es que el psicoanálisis aborda el trauma, en sus múltiples facetas, siempre de una manera singular. Ni la entrada ni la salida del trauma se puede estandarizar. La entrada es totalmente subjetiva, lo que para uno es un detalle para otro es traumático. Lo que para uno es traumático para el otro es simplemente un acontecimiento doloroso.
 Insiste también en que el trauma es siempre "a posteriori". es decir, que lo que hace, como hecho consciente y vivido, es despertar una marca anterior que no fue experimentado de manera consciente por el sujeto. Pero algo ocurre que lo que hace es despertar aquella marca.
 En todo caso valga el comentario como unos simples apuntes personales de una conferencia que vale la pena oír.

domingo, 8 de septiembre de 2019

LO SIMBÓLICO

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Escrito por Luis Roca Jusmet

 El fenomenólogo, historiador y  hermeneuta de las religiones Mircea Elíade, mantenía y celebraba, hace ya unas décadas, que estuviésemos asistiendo a un  auge del simbolismo. Uno de los factores que, según él, explicaban este acontecimiento era el descubrimiento del inconsciente, que supuestamente se manifiesta a través de imágenes, figuras y escenarios que no deben entenderse en sentido nominal sino simbólico. Otro elemento era el surgimiento del arte abstracto y del surrealismo, cuya significación sólo se podía descifrar en términos simbólicos. Un tercero eran las investigaciones antropológicas, que abrían un horizonte para el estudio de una mentalidad primitiva, que se descubría fundamentada en el mito y el símbolo. Finalmente el proceso se universalizaba al incluir en último lugar a la lingüística, la epistemología, y, sobre todo, a la filosofía. El hombre pasa a ser considerado como un animal simbólico, según la clásica definición de Cassirer, entendiendo así el símbolo como una donación humana de sentido, presente en todas las formas culturales (Mito, religión, lenguaje, arte, ciencia.). Elíade saludaba este auge como una buena nueva, ya que según sus palabras: “Uno no puede como menos que congratularse  ante estas investigaciones, emprendidas desde diferentes puntos de vista y que atañen a un tema tan importante en su propio campo de trabajo. Gracias a la solidaridad de todas las ciencias del hombre, todo descubrimiento importante realizado en un sector repercute sobre disciplinas  afines. Cuanto la psicología o la semántica pueda enseñarnos sobre la función del símbolo interesa, sin duda alguna, a la ciencia de las religiones. Porque, en el fondo, ¿ acaso la materia no es la misma?.
 Pero el caso es que, justamente, la materia no es la misma, y creerlo supone entrar en una confusión teórica importante, ya que detrás de esta moda del simbolismo hay una creciente ambigüedad conceptual que envuelve el término. La psicología profunda. de la que habla Mircea Elíade, por ejemplo, es la que defiende Carl G. Jung en su deriva pseuidoespiritualista del psicoanálisis. Si nos referimos estrictamente a la tradición psicoanalítica la palabra simbólico, utilizada como sustantivo, ya está presente en su texto fundacional ( La interpretación de los sueños) y se entiende por ello el conjunto de símbolos dotados de significación que pueden encontrarse en diversas producciones del inconsciente, que son un modo de representación indirecta y figurada de una idea, conflicto o deseo inconsciente. Toda formación sustitutiva, como el sueño y el síntoma, son simbólicos en la medida en que son contenidos manifiestos que expresan de manera distorsionada el contendido latente de estos fenómenos psíquicos. De esta manera lo que se simboliza es algo oculto que está reprimido, pero la relación entre el símbolo y lo simbolizado es algo contingente, una asociación psíquica que no tiene más sentido que el que se adquiere en el contexto de una biografía individual, totalmente aleatoria y singular. No hay simbolismos universales, como afirmaba Jung.

FILOSOFIA, PSICOANÁLISIS Y BUDISMO ZEN


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Luis Roca Jusmet

Ese materialismo no es el que niega el espíritu, sino el que plantea que el espíritu, que no se reduce a la materia, está siempre condicionado por ella.
                                                                                                Bernard Stiegler



 Este artículo pretender establecer un punto de relación entre tres tradiciones, que son heterogéneas pero que pueden llegar a un punto de encuentro. Pero lo primero que quiero hacer es desmarcarme de cualquier forma de sincretismo, lugar de confusión habitual en que nos ha colocado la subcultura New Age con respecto a estos temas[1].

 Para ser rigurosos empezaré precisando lo que significan para mí estas tres tradiciones y delimitando en qué me voy a centrar en cada una de ellas. Entiendo por budismo las prácticas que se originan a partir de la aparición de un personaje histórico que es Buda; pero me centraré específicamente en la Escuela Soto Zen y más específicamente en Taisen Deshimaru.. El psicoanálisis tiene también un origen, un padre fundador que es Freud y aunque después de su muerte las escuelas se multiplican considero a Jacques  Lacan cómo la figura más interesante para esta investigación. La filosofía es más difícil de delimitar pero la plantearé cómo  un invento griego continuada en Europa hasta la globalización actual. Los filósofos a los que me referiré serán Pierre Hadot y Michel Foucault.



  En este artículo intentaré trazar en primer lugar un panorama histórico sobre el intento de establecer un vínculo entre las tres disciplinas. Mi hipótesis es que este proyecto fracasa por un mal planteamiento, que es el intento de establecer un diálogo desde el discurso teórico, es decir, desde lo que dicen cada uno de ellos. La imposibilidad viene dada porque se quiere homogeneizar discursos heterogéneos. Mi propuesta es la de encontrar un espacio común planteado desde el punto de vista de la práctica, en concreto desde la ética. Entiendo por ética un arte de vida que propone un trabajo interno que nos permite transformarnos y transformar nuestra vida.
 Incluyo aquí un video en el que hablan Taisen Deshimaru, Jacques Lacan y Michel Foucualt. No me interesa lo que dicen sino lo que muestran a través de su cuerpo : la voz, el gesto, la mirada. El cuerpo somos nosotros, es a través de él que se manifiesta el espíritu. La ética es entonces esta transformación espiritual del cuerpo. Las prácticas son las del cuerpo, que no es una superficie corporal, que es una estructura dinámica, viva, que se expresa de manera singular en cada cual.

jueves, 5 de septiembre de 2019

EL DESEO CONTRA EL SUPERYO.




Escrito por Luis Roca Jusmet

 Invito aquí a escuchar esta estupenda conferencia de Marie-Hélène Brousse, pero voy a intentar sintetizar aquí por escrito algunas de las ideas que me parecen más interesante de su exposición. 
 En primer lugar la idea de que el superyo aumenta de manera inversamente proporcional al ideal del yo. La psicoanalista francesa parte de la precisión que introduce Jacques Lacan entre los dos conceptos, que en el caso de Freud mantienen una cierta confusión. Para este último el superyo aparece como la interiorización de una ley que limita, una especie de policía interna que limita la satisfacción. Para Lacan, en cambio, el superyo es un imperativo de goce. En la medida que decae la función paterna como ideal regulador aumenta el imperativo materno del goce. El ideal del yo es el ideal del Otro que mantiene la división subjetiva y que posibilita, por tanto, el sujeto del deseo y el deseo inconsciente. El superyo, en cambio, fragiliza las barras de la división y por tanto la marca de la castración, que es la que posibilita la falta desde donde se gnera el deseo. 
 En segundo lugar plantea que tanto el ideal del yo como el superyo se rigen por lo simbólico, es decir por el Otro del lenguaje. La diferencia es que el ideal del yo pertenece al orden de la enunciación, a la cadena del significante, de la enunciación, de la nominación. Está ligado al movimiento, al desplazamiento.El superyo, en cambio, tiene que ver con la palabra más en el sentido de la voz, del tono que es capaz de fijar algo, en el niño, como un imperativo y como repetición. El superyo es, según Lacan, feroz, sádico y obsceno. Cualquier cosa que decimos al niño, según el tono, puede transformarse en orden, en imperativo, en superyo.
 En tercer lugar hay una reflexión muy interesante sobre lo contemporáneo y su malestar. Marie-Hélène Brousse señala la importancia de tres nuevas formas sintomáticas : las depresiones y las adicciones. Son síntomas pero no estructuras clínicas, desde el punto de vista del psicoanálisis lacaniano. Las depresiones pueden ser neuróticas o psicóticas. La depresión neurótica es un ceder del deseo, una renuncia, un abandono del deseo inconsciente que nos sostiene. De la psicótica, la melancólica, no trata en esta conferencia. Respecto a las adicciones, al margen de su generalización aparece la identificación : "Yo soy un adicto". Y se puede ser de cualquier cosa, siempre vinculado a la sustitución del Otro por el objeto, sobre todo oral. Hace una referencia interesante a la película "Shame", como adicción al sexo, como incapacidad de responder al deseo y a la demanda del otro. 
 La conferencia es densa, interesante y clarificadora. Trata otras cosas y entre ellas una sugerente mención de la canción de los Rolling Stones : "I can jet". la insatisfacción como posición histérica del mantenimiento del deseo.

jueves, 6 de junio de 2019

PSICOSIS Y LOCURA




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Escrito por Luis Roca Jusmet

 Jacques Lacan diferencia de manera precisa entre psicosis y locura. La psicosis es una estructura clínica en la que hay un agujero simbólico y lo real es rechazado, no reprimido como en la neurosis ni negado como en la perversión. Al ser rechazado retorna en forma de alucinaciones o de delirio. Entonces es cuando aparece la locura como algo visible, como un arrebato que puede ser violento o no pero en el que el sujeto aparece como fuera del mundo que los demás reconocen como realidad porque lo simbolizan o imaginan como tal.
  Darian Leader es un psicoanalista inglés que ha publicado un libro muy interesante sobre el tema. Aunque se llama "¿ Qué es la locura", más bien lo que explica es qué es la psicosis. Su propuesta se basa en el psicoanálisis lacaniano, que diferencia claramente lo que es la psicosis ( una estructura clínica ) de la locura ( un fenómeno clínico). pero quiere recoger también la tradición psiquiátrica continental europea del siglo XIX que se inicia con Pinel. Una tradición que intentó entender la locura y trabajar con los locos para compensar y estabilizar su equilibrio psíquico. Todo ello contra la deriva del DSM y sus reediciones, cada vez más en la línea de un concepcto médico de la enfermedad mental, de una causalidad biológica ( y si no funciona, incorporar el estress ) y de un tratamiento farmacológico. Todo ello pagando el precio de eliminar el sujeto y las estructuras clínicas).clínicas, entendiendo los síntomas no como manifestaciones clínicas. El término "psicosis" ha desaparecido y solo quedan "trastornos" ( concepto que nunca se define ), que quedan reducidos a síndromes. El problema son entonces los síntomas y lo que hay que hacer es eliminarlos porque no se consideran una manifestación del problema sino el problema mismo. Hay que adaptar al sujeto, normalizarlo bajo el ideal biopolítico de la salud mental.
 El autor plantea el vínculo entre locura y normalidad a partir de las psicosis ordinarias o no desencadenadas. Lo que podríamos llamar la locura invisible, silenciosa, en la que podría no haber delirio o un delirio secreto. 
 Si vamos a buscar las herramientas en el psicoanálisis hay que empezar por Freud y su concepto-base: el de defensa. Cierto que lo que investiga Freud son las estructuras neuróticas, donde las defensas del yo frente a lo insoportable, lo traumático de las ideas más perturbadoras, es la represión. La mente conduce estas ideas al olvido, al inconsciente ( histeria ) o las vacía de su contenido afectivo ( obsesión), conduciendo a la idea obsesiva o a la fobia. En la histeria siempre quedan grietas por donde se cuelan los síntomas. En la neurosis hay una pregunta por el sexo ( histeria) o por la muerte ( neurosis obsesiva). En la psicosis, en cambio, no hay pregunta, solo la certeza de una respuesta: la de un Otro acusador ( paranoia) o de un Uno culpable ( melancolía). 
 Llegamos posteriormente a Lacan y a su teoría de los tres registros : lo simbólico ( orden del lenguaje y de la ley, lo normativo), la imagen ( la identificación) y lo real ( el goce corporal). Aparece todo el proceso de constitución del yo ( imagen corporal) como imagen del otro con la que nos identificamos en el espejo ( yo ideal) y que nos captura en la rivalidad con el otro ( celos, envidia..). Proceso que necesita para ser consistente la mirada del Otro, su reconocimiento a través de la palabra. Así se forma un narcisismo primario consistente, que esta intervención simbólica del otro. Constituimos así nuestro lugar simbólico, la estructura desde la que gobernamos las relaciones a través de la mediación simbólica. La excitación pulsional es así drenada y limitada y aparece la falta que posibilita el deseo. Desde lo simbólico podemos compartir. Darian Leader recorre además todo el trayecto edípico que debe resolverse interiorizando la función paterna y con la construcción de la novela familiar. hay que reconocer ( y reprimir su significante ) el deseo de la madre y nominar el proceso con el significante del Nombre del Padre, que será el significante amo. De esta manera nos damos un significado, localizamos la pulsión ( líbido) en forma de deseo nos distanciamos del Otro ocupando un lugar propio.
 ¿ Que és la psicosis ? Es una configuración, una posición subjetiva en la que no podemos ni darnos un significado ( vamos perdidos, descentrados), ni ocupamos un lugar distanciado del Otro ( que nos invade o desparece) y no podemos regular la pulsión porque no hay ni falta ni deseo. En este contexto el delirio es la defensa, la mala respuesta.

sábado, 2 de febrero de 2019

MASSIMO RECALCATI : PULSIÓN DE MUERTE Y CLÍNICA DEL VACÍO

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 Escrito por Luis Roca Jusmet

 Como es bien sabido Sigmund Freud provocó varios escándalos. El primero por afirmar la existencia del inconsciente, que fue considerado el tercer ataque frontal a la vanidad humana. El primero lo había formulado Copérnico al decir que no estamos en el centro del mundo. El segundo Charles Darwin al plantear que los humanos somos una simple derivación de la evolución azarosa de las especies. Cuando Freud afirma que ni somos dueños de nuestra casa porque la conciencia es solo un aspecto superficial de nuestro psiquismo y que lo que nos acaba determinando es inconsciente y por tanto ignorado por nosotros mismos.  El segundo escándalo vino de su afirmación de que existía una sexualidad infantil y que todos los humanos atravesamos la fase edípica. Esto era inconcebible e intolerable por una sociedad impregnada de moral victoriana.
 Pero el tercer escándalo no dio lugar a ninguna reacción espectacular. Simplemente se ignoró, incluso por la propia tradición pscionalítica. Era la afirmación de la pulsión de muerte, que era un más allá del principio del placer. Freud había definido el placer como un principio homoestático, orientado al equilibrio, a la eliminación del malestar de la tensión, perturbación interna del organismo. Esto quería decir que el organismo sufría una perturbación interna cuando experimentaba una carencia, una necesidad no resuelta. Por lo tanto los humanos queremos el placer, el bnienestar y evitamos el malestar, el sufrimiento, el dolor. Jeremy Bentham lo había planteado en estos mismos términos y a partir de aquí había deducido su moral utilitarista. Su discípulo John Stuart Mill había matizado la cuestión planteando la complejidad del deseo humano y el aspecto cualitativo, no solo cuantitativo de sus placeres. Freud, por cierto, había leído con atención a Mill e incluso lo había traducido del inglés al alemán. 
 Con el descubrimiento del inconsciente Freud introduce un cambio cualitativo que es la noción de deseo vinculada al inconsciente, a lo que llamaba una identidad de percepción primigenia. Hay en el humano un elemento indestructible del deseo, ligado a una primera y originaria satisfacción cuya realización es imposible. Es toda la línea teórica que se ignagura con "La interpretación de los sueños" . Hay una represión primordial ligada a este deseo imposible incestuoso y los sueños,lapsus. actos fallidos y síntomas son manifestaciones de este deseo. Es la Otra escena de nuestro psiquismo.  Pero cuando Freud, en su incansable trabajo de investigación vinculado a la clínica, formula la hipótesis de la pulsión de muerte en su escrito "Más allá del principio del placer" llena de estupor a sus discípulos y aumenta el escepticismo y la burla de sus críticos. En este texto Freud formula la tendencia del ser humano al grado cero de tensión, que sería la muerte. Pero al mismo tiempo relaciona esta tendencia con los impulsos autodestructivos o de fijación en el dolor del ser humano. Es como una especie de masoquismo primario. Posteriormente en su ensayo "El malestar de la cultura" la pulsión de muerte se identifica con una agresividad primaria, que sería la exteriorización de esta pulsión de muerte. Los psicoanalistas que se tomaran muy en serio ( y que no la negaran o pasarán por ella de puntillas) son de hecho, los más potentes : Melaine Klein y Jacques Lacan. Lo que voy a tratar aquí de las consideraciones sobre el tema que hará el psicoanalista Massimo Recalcati.

sábado, 15 de diciembre de 2018

¿ ENFERMOS O ENFERMEDADES MENTALES ?

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Escrito por Luis Roca Jusmet

 La existencia de las enfermedades es un invento de la medicina moderna. En la antigua, al igual que en corrientes alternativas como la homeopatía, no habían enfermedades sino enfermos. El concepto de enfermedad supone la afirmación de que existen entidades clínicas reales, que pueden definirse a partir de signos objetivos y de una lesión anatómica o funcional observable. De esta forma existen la diabetes, la hepatitis, el cáncer... El sujeto tiene entonces una enfermedad que es tratada de manera estandarizada. Delante de la enfermedad puede asumir una actitud subjetiva propia, es decir le da un determinado significado en su vida. Cuando hablamos de enfermedades psicosomáticas queremos decir que algo que le ocurre al sujeto, algo subjetivo ( y por tanto mental-emocional) le provoca una enfermedad. Pero la enfermedad es objetiva : esclerosis múltiple, úlcera de estómago... ( suponiendo que estas enfermedades sean psicosomáticas, claro).
 En el caso de las llamadas enfermedades mentales están son subjetivas. Es decir, que son parte del sujeto, no algo que tiene el sujeto. No debemos hablar de un sujeto con esquizofrenia, con T.O.C,. con trastorno bipolar, con depresión. Hay que hablar de un sujeto esquizofrénico, obsesivo-compulsivo, un sujeto bipolar. Es un sujeto enfermo porque padece sufrimiento o goza produciéndolo en el otro, porque tiene una incapacidad de adaptarse a lo real. La definición
es ambigua, no puede precisarse más. Tampoco hay signos objetivos ni lesiones funcionales o anatómicas. Esto quiere decir que hay que tomar todas las precauciones antes de etiquetar a alguién como enfermo mental. Tampoco hay una línea clara para demarcar cuando empezamos a considerarlo un enfermo. 
  A partir de esta hipótesis voy a criticar las concepciones de enfermedad o, lo que es lo mismo, de trastorno mental. La idea de enfermedad mental procede del modelo médico y considera que encontraremos una manera de precisar la entidad clínica de la esquizofrenia, bipolaridad, etc., a partir de signos objetivos y de lesiones. Es una concepción biologista de la patología mental, a la que se considera como algo objetivo y no subjetivo. El diagnóstico y el tratamiento están estandarizados, se elimina lo singular y por tanto al sujeto. Si cambiamos la palabra enfermedad por trastorno no solucionamos nada. Conceptualmente es lo mismo, es una concepción y un tratamiento estandar. Se cambia la palabra sin cambiar nada más para dar la impresión que se diferencia entre una enfermedad física y una mental. Pero el resultado es peor, ya que sujeto trastornado es más chocante que sujeto enfermo.

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