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domingo, 19 de junio de 2022

FREUD Y LOS FILÓSOFOS






Escrito por Luis Roca Jusmet


  Si nos remitimos al padre fundador, Freud, podemos comprobar que hay una situación originaria de desencuentro entre filosofía y psicoanálisis. Freud nos  dice en su autobiografía algo paradójico: que sus verdaderos intereses son de naturaleza filosófica,  pero que al mismo tiempo es constitucionalmente reacio a lo especulativo y tiene una gran desconfianza hacia la filosofía. En realidad la paradoja no tiene una solución dificl. Freud tiene inquietudes filosóficas en la medida en que sus preguntas coinciden con las preguntas filosóficas originarias, que reformula el propio Kant : ¿ Qué podemos saber ? ¿ qué debemos hacer ? ¿ qué podemos esperar ? Preguntas que, como dice el filósofo, se pueden sintetizar en una cuarta ¿ qué es el hombre ?. Por otra parte la filosofía de finales del siglo XIX y principios del XX se ha institucionalizado como filosofía académica y especulativa. Esta es la que no interesa a Freud. Freud tiene entonces, como dice textualmente, un espíritu de conquistador que le orienta hacia los enigmas clásicos de la filosofía, buscando siempre nuevos horizontes teóricos. Pero por otro lado lo hace con un espíritu de rigor y buscando una base empírica . Rigor y carácter empírico que él atribuye pura y exclusivamente a la ciencia.. Freud teoriza y busca verificar sus formulaciones a partir de la observación clínica y casi podríamos decir que retoma la postura radical de Hume al  considerar los textos metafísicos como un material que más valdría quemar. Estos textos filosóficos son para Freud, al igual que los de la religión, obstáculos para la verdad. Pero la religión es una ilusión ( que Freud insiste en diferenciar del error) que tiene un interés en la medida en que es la proyección imaginaria de un deseo. Es un engaño, pero es fascinante, mientras que la metafísica es una especulación estéril. El triste papel del filósofo sería para él, entonces, el de sustituir el viejo catecismo de los clérigos., es decir, lo peor de la religión. Los filósofos nos ofrecen una Weltanschauun ( Cosmovisión )) que tienen un carácter totalizador, basado en puras especulaciones cuyas pretensiones irritan profundamente a Freud. En otro sentido la filosofía es un enemigo del psicoanálisis porque defiende el imperio de la conciencia. El axioma fundamental contra el que lucha Freud ( que es el de la identidad entre psiquismo y conciencia) tiene en los filósofos sus más decididos defensores. Esto no quiere decir, hay que matizarlo, que Freud desprecie a todos los filósofos. Aunque desconfía de la filosofía escolástica, especulativa, metafísica de manera radical, Freud se interesa por el trabajo de algunos filósofos concretos. De hecho tanto la buena filosofía como la buena literatura están presentes en el discurso freudiano, a través de referencias que tienen una función precisa en su discurso. Podríamos citar a Empédocles, Platón, Schelling junto Sófocles, Moliere, Goethe o Shakespaeare. …
  Más que criticar a Hegel, a quién seguramente no había leído, lo que criticaba eran sus epígonos, los mediocres profesores universitarios. No olvidemos que es en el siglo XIX cuando aparece la profesionalización de la filosofía. En este sentido podemos situar a Freud en la tradición positivista.
 Repasando su biografía podemos señalar encuentros puntuales de Freud con la filosofía. En su juventud participará puntualmente en las reuniones filosóficas dirigidas por uno de los grandes de su época, Franz Brentano. Brentano no sólo le proporcionó una formación filosófica ( muy centrada en Platón y en Feuerbach) sino también los materiales sobre los que construir  una lógica rigurosa. Freud tiene además un gran interés por John Stuart Mill, como pone de manifiesto diversos comentarios que hace a lo largo de su vida. En su autobiografía Freud dirá que reconoce la influencia importante de Fechner Gustav Theodor (1801-1887) médico y filósofo alemán
  Aunque en su autobiografía también considerará a Schopenhauer y a Nietzsche como antecedentes del movimiento psicoanalítico ( ya que intuyen la existencia del inconsciente) Freud no reconoce por parte de ellos ninguna influencia directa. Aquí Freud precisa que su virtud no es haber descubierto el inconsciente ( como acabamos de decir  otros ya lo hicieron desde la filosofía, o desde la literatura), sino haberle dado un fundamento científico. Freud  leerá con atención a Schopenhauer y constatará afinidades profundas con  especialmente con las hipótesis contenidas en Más allá del principio del placer ( aunque precisando que su lectura fue a posteriori de la elaboración de esta obra). Dirá de  Schopenhauer que es el único filósofo que provee a la metafísica del antídoto necesario. Es interesante tener en cuenta del papel que jugaba Schopanheuer en el contexto cultural alemán. Schopenhauer era un crítico radical de la filosofía académica, que ataca el discurso prepotente y dogmático de los especulativos hegelianos y que despierta curiosidad en los medios científicos.
 Se interesará por Nietzsche ( por la influencia de una amiga común), Lou-Andrea Salomé) pero comentará, con una sinceridad que hay que apreciar, que prefiere no leerlo para no dejarse seducir por su lenguaje. Nietzsche será para Freud una especie de tabú. Se ha escrito mucho sobre las coincidencia, siempre discutibles, entre los dos autores, cuyos talantes son, por otra parte, radicalmente distintos. Stefen Zweig también será una especie de enlace indirecto entre los dos autores y Thomas Mann escribe unos breves pero conocidos escritos en los que agrupará a Schopenhauer, Freud y a Nietszche. .
 Quizás lo más correcto sería orientar a Freud en la línea positivista: la ciencia, superadora de la filosofía y antes de la religión, es hoy el único camino serio hacia la verdad del mundo. Pero hay que hacerlo con reservas. Algunos autores, como Bruno Bettelheim, intenta demostrar que Freud nunca fue un positivista. Bettelheim nos presenta un Freud humanista e incluso educador que entendería su trabajo en la línea de las teorías del filósofo alemán, contemporáneo suyo, Wilhelm Windelband. Para él las ciencias humanas son ideográficas y se basan en lo histórico singular, en el acontecimiento. Los métodos de las ciencias físico-naturales, que son nomotéticas y se basan en las leyes precisas y en la estadística, no valen para el estudio de lo humano. Las traducciones inglesas, según Bettelheim, se han ocupado sistemáticamente de distorsionar el lenguaje de Freud adaptándolo al cientifista de los positivistas. Personalmente creo que, aunque Bettelheim dice algunas verdades, su postura es insostenible. Es cierto que Freud tenía, como dice, un gran bagaje humanista y modeló su estilo basándose en los clásicos de la lietratura alemana; y también lo es que las traducciones inglesas dan un sentido falseador a algunos de sus términos. Pero es dudoso que Freud eligiera el planteamiento de su ciencia como hermenéutica, en la línea de Windelband. Sí hay que recordar, y el mismo Freud insiste en ello, que es Goethe quién le conduce a la inquietud científica. Y Goethe tiene una concepción holística y heterodoxa de la ciencia muy diferente del cientifismo positivista. Pero más bien parece que Freud va transformando este impulso de naturalismo romántico goethiano en una ideología científica que reconoce sus límites. Freud polemizó explicitamente con las teorías ficcionalistas de Vahinger. Defiende una concepción realista de la ciencia. Y acepta el esquema positivista de los tres estadios la ciencia, única fuente posible del saber, es incompatible con la religión, que tiene el carácter ilusorio del animismo. Y también con la metafísica, que calificará como un conglomerado de residuos animistas, de animismo sin magia. En las propias filas del psiconálisis se ha introducido este animismo a través de Jung, en quién erróneament confió como su sucesor, y Freud deberá realizar una extirpación muy dolorosa para él de esta quinta columna en el propio movimiento psicoanalítico.

martes, 29 de mayo de 2018

PAUL RICOEUR : ESCRITOS DE FILOSOFIA Y PSICOANÁLISIS

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Escritos y conferencias 1. En torno al psicoanálisis.

Paul Ricoeur

Presentación de Jean-Louis Schlegel

Artículo de Vinicio Busacchi

( Traducción de Agustín Niera Calvo)

Madrid : Trotta, 2013.

 Escrito por Luis Roca Jusmet


  Aunque Paul Ricoeur no sea un pensador mediático ni de culto, como lo fueron otros filósofos franceses de su generación, nos encontramos con uno de los filósofos más consistentes e interesantes del siglo XX. Nació en 1913 ( este año es el centenario, por tanto, de su nacimiento)y murió en el 2005. Ricoeur fue creyente durante toda su vida, pero tuvo la capacidad de diferenciar sus trabajos hermenéuticos de tipo bíblico del trabajo filosófico, abierto y riguroso, que le caracterizó. Formado inicialmente en la fenomenología y con simpatías hacia el personalismo cristiano de Mounier, desarrollará una línea de pensamiento propio que podemos situar en la línea de la hermenéutica, aunque sin despreciar otras corrientes de la época como la de la filosofía analítica, de la que extrajo algunos de los aspectos más aprovechables. Ricoeur inventó el término Maestros de la sospecha para referirse a Marx, Nietzsche y Freud ; idea muy renovadora en su momento  aunque después perdió su fuerza  al convertirse en un tópico. Buen conocedor del psicoanálisis escribió un libro muy sugerente sobre la interpretación de la cultura de Freud.

El libro que nos ocupa es una interesante sistematización de los diversos artículos que escribió a lo largo de su vida sobre psicoanálisis. Son una excelente aportación de Ricoeur a la relación entre filosofía y psicoanálisis, encuentro difícil, siempre algo fallido, pero que no por ello deja de ser fecundo. Freud desconfió de la filosofía académica, aunque admiraba a los clásicos, tanto de la filosofía ( Platón ) como de la literatura ( Sófocles, Shakespaeare). El primero que estableció el lazo entre filosofía y psicoanálisis fue Jacques Lacan. Ricoeur era contemporáneo de Lacan y asistió a casi todos sus seminarios, aunque prácticamente no lo cita, como comprobamos en estos artículos.

 La presentación de Jean-Lois Schlegel es una buena iniciación a la lectura de unos textos que tienen un mismo hilo conductor, aunque traten de temáticas diferentes. Algunos de ellos complementan bien el libro central de Ricoeur sobre psicoanálisis ( Freud, una interpretación de la cultura, escrito en 1962). Estos artículos están referidos al arte ( “Una última escucha de Freud”, 1962; “Psicoanálisis y arte”, 1976) o la moral ( “Psicoanálisis y valores morales”, 1974). Igualmente hay otro, “El ateísmo del psicoanálisis freudiano”, escrito en 1996, que presenta un indudable interés. El artículo final del italiano Vinicio Busacchi, a modo de epílogo, también resulta muy clarificador para acabar de encuadrar el conjunto de lo leído.

Hay dos elaboraciones temáticas en las que quiero centrarme. Una es la epistemología del psicoanálisis. Me parece muy relevante porque el psicoanálisis ha sido justificado por los que se han adscrito a él o simplemente rechazado por los que se sitúan en posiciones muy cientifistas. Ricoeur realiza en dos de los artículos del libro ( “La cuestión de la prueba en psicoanálisis”, 1977;

“ Psicoanálisis y hermenéutica”, 1978) un paciente trabajo analítico para ver cual es su justificación y como hemos de valorarla desde un punto de vista amplio, no restrictivo, de ciencia. Entendemos aquí por ciencia lo que se fundamenta en algún tipo de contratación. Ricoeur marca aquí varias cuestiones imprescindibles para este abordaje. La primera es que es una ciencia hermenéutica, es decir, basada en la interpretación y no en la descripción. La segunda que la realidad de la que trata no es un hecho, es decir una realidad física. La verdad del psicoanálisis no puede ser así una adecuación a los hechos. Porque de lo que habla es de una realidad muy peculiar, que es la realidad psíquica. Esta realidad psíquica es, de alguna manera, una construcción narrativa del sujeto. La verdad será, por tanto, el acceso a esta fantasía que estructura el relato de cada cual. Para ello habrá que hacer una lucha contra las resistencias a aceptarla. Aquí vemos la conexión que se da en el psicoanálisis entre los conceptos teóricos, el procedimiento de investigación y el método terapéutico. Porque es a través de este método terapéutico cómo podemos acceder a la verdad psíquica de cada cual. Es decir, que solo es posible en el marco del propio análisis y de la comunicación intersubjetiva entre el psicoanalista y el paciente. La fantasía se articula a través del deseo porque éste es semántico, es significativo. El deseo es, de esta forma, específicamente humano. Se trata de buscar no las causas sino las motivaciones. Interpretando los sueños, los lapsus, los síntomas y las palabras. Siempre a través de la mediación simbólica del lenguaje, que le da una dimensión social y no únicamente privada.

jueves, 19 de diciembre de 2013

MARX Y FREUD , MAESTROS FUNDADORES

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Escrito por Luis Roca Jusmet

El lazo que conecta el marxismo con el psicoanálisis está suficientemente justificado por el paralelo entre el movimiento político marxista y el movimiento psicoanalítico. En ambos casos estamos ante la paradoja de un saber ilustrado no tradicional, fundado en la relación transferencial con la insuperable figura del fundador ( Marx, Freud): el conocimiento no progresa a través de refutaciones y reformulaciones graduales de las hipótesis sino de un serie de “ retornos a ...” ( Marx, Freud). En ambos casos, estamos ante un campo del saber que es intrínsecamente antagónico : los errores no son simplemente externos al conocimiento verdadero, no son algo de lo que podamos liberarnos una vez que alcanzamos la verdad y, como tales son de interés puramente histórico, es decir irrevelantes para el estado actual del saber ( como es el caso de la física, la biología,etc.).En el marxismo, como en el psicoanálisis, la verdad emerge literalmente a través del error; es por ello que en ambos casos la lucha contra el “revisionismo” es una parte inherente a la teoría misma. La “estructura” entera, la relación entre el campo del saber y la subjetividad del “científico” difiere radicalmente de la ciencia positiva, así como de las formas tradicionales de conocimiento ( sabiduría iniciática, etc)
Slajov Zizek


 Escrito por Luis Roca Jusmet

 Paul Ricouer y Michel Foucault articularon una extraña afinidad entre ambos y Nietzsche al forjar el término de maestros de la sospecha. Evidentemente los tres desenmascaran a su siglo, distorsionado por el optimismo postivismo o hegeliano, desde la lucidez.

sábado, 14 de diciembre de 2013

EL LENGUAJE DEL YO EN LA MODERNIDAD




Escrito por Luis Roca Jusmet





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 Escrito por Luis Roca Jusmet

 El autor es el psicoanalista gallego Manuel Fernández Blanco y el librito se llama El lenguaje del Yo en la modernidad. Lo primero que hace es describir lo que es el Yo para la tradición psicoanalista freudiano-lacaniana: no es innato es algo adquirido. Se origina a partir del estadio del espejo, es decir la contemplación de la propia imagen en un espejo o a través del semejante. Esta experiencia se realiza entre los 16 y los 18 meses. Con la autoimagen el organismo se transforma en un cuerpo, que es la base del yo. Es una imagen acabada y total. Algunas patologías graves aparecen cuando no se da esta construcción del cuerpo. Esto sucede en el autismo o en psicosis infantiles. Estos niños no pueden constituir un yo y no saben diferenciar entre el interior y el exterior. La construcción del cuerpo en el estado del espejo produce sentimientos ambivalentes : por un lado júbilo y por otro angustia. la imagen me la da el otro y también puede desposeerme de ella. Es la agresividad hacia el semejante. esta es la identidad imaginaria del sujeto.
 La identidad simbólica viene dada por el Ideal del Yo. El Yo ideal de cada cual se subordina a este Yo ideal, lo imaginario a lo simbólico. La imagen que proyectamos de nosotros mismos debe seguir el modelo del Ideal interiorizado. El ideal del Yo reprime la pulsión y esto produce una neurosis generalizada en la civilización.Pero actualmente hay una caída del Ideal y un imperativo de gozar. El superyo no es represivo sino que está aliado con la pulsión. El imperativo no frena el goce sino que lo potencia : gozar es una obligación. Pasamos del neurótico al perverso. Se elimina la culpa. Este imperativo del goce no lleva a la felicidad sino al malestar, a la depresión generalizada esto ocurre porque la felicidad es un deber y nadie entiende ni acepta sus límites.
 En este contexto hay un delirio yoico. El yo está inflado. No hay problema de autoestima porque todos queremos nuestra imagen. Es un yo que dice : "tengo derechos", "soy víctima", "yo quiero". El un yo sin responsabilidad : los derechos no comportan obligaciones; considerar víctima de alguien o de algo significa que no nos hacemos responsables de lo que somos o lo que hacemos : siempre podemos culpabilizar al Otro, aunque sea "la sociedad" o "el sistema". El yo no espera : lo que quiere lo exige ahora. El yo habla y no escucha, solo se escucha a sí mismo. En lugar de diálogos hay monólogos interrumpidos. nadie se responsabiliza tampoco de lo que dice y de los efectos de su palabra. En nombre de "la sinceridad" o "la espontaneidad" lo podemos decir todo, cuando queramos y a quien queramos. Igual que la culpa se elimina también la vergüenza : mostramos lo que la represión ocultaba.

sábado, 7 de diciembre de 2013

FILOSOFIA Y PSICOANÁLISIS : UN ENCUENTRO TAN FALLIDO COMO FECUNDO


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Escrito por Luis Roca Jusmet

  Si nos remitimos al padre fundador del psicoanálisis, Freud, podemos comprobar que hay una situación originaria de desencuentro entre filosofía y psicoanálisis. Freud nos  dice en su autobiografía algo paradójico: que sus verdaderos intereses son de naturaleza filosófica,  pero que al mismo tiempo es constitucionalmente reacio a lo especulativo y tiene una gran desconfianza hacia la filosofía. Si intentamos resolver la paradoja podemos concluir que Freud tiene por una parte, como él mismo nos dice, un espíritu de conquistador que le orienta hacia los enigmas clásicos de la filosofía, buscando siempre nuevos horizontes teóricos. Pero por otro su espíritu de rigor busca una base empírica a su discurso, que él atribuye pura y exclusivamente a la ciencia. Freud teoriza y busca verificar sus formulaciones a partir de la observación clínica ; casi podríamos decir que retoma la postura radical de Hume que  considera los textos metafísicos como un material que más valdría quemar. Estos textos filosóficos son, para Freud, al igual que los de la religión, obstáculos para la verdad. Pero la religión es una ilusión ( que Freud insiste en diferenciar del error) que tiene un interés en la medida en que es la proyección imaginaria de un deseo, mientras que la metafísica es, en cambio, una especulación estéril; el triste papel del filósofo convencional es el de sustituir el viejo catecismo de los clérigos ( lo peor de la religión). Los filósofos nos ofrecen cosmovisiones que tienen un carácter totalizador, basado en puras especulaciones cuyas arrogantes pretensiones irritan profundamente a Freud; considera la filosofía uno de sus peores enemigos porque mantiene como axioma fundamental la identidad entre la mente y la conciencia.

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