sábado, 26 de marzo de 2016

DEL COMPLEJO DE EDIPO AL COMPLEJO DE TELÉMACO


El Complejo De Telémaco. Padres E Hijos Tras El Ocaso Del Progenitor (Argumentos)

Reseña

El complejo de Telémaco. Padres e hijos tras el ocaso del progenitor.
Massimo Recalcati ( traducción de Carlos Gumpert)
Barcelona : Anagrama, 2014

Escrito por Luis Roca Jusmet

 El tema de la paternidad está en el  orden del día. Los padres estamos desorientados, en un contexto de declive importante de la figura paterna. El patriarcado ha muerto o está, por lo menos en las sociedades occidentales, en vías de desaparición. Es ya la crónica de una muerte anunciada en el mundo por la globalización. Massimo Recalcati escribe un libro que muestra este panorama desolado, pero al mismo tiempo nos brinda una esperanza, una posible salida que no es ni la de la vuelta al autoritarismo ni tampoco en el quedarse en la lógica del todo vale.
  Recalcati es un psicoanalista lacaniano italiano que ha escrito sobre la anorexia, la bulimia y otras adicciones de una manera muy lúcida y renovadora, cuestionando la terapia cognitivo-conductista hegemónica. Pero no solo habla desde su extraordinaria capacidad de análisis, sino también desde una práctica terapéutica real. Ha desarrollado además un concepto muy fecundo, que es la de la clínica del vacío actual frente a la clínica de la falta descrita por Freud.  Lacan es, para Recalcati, el que pone las bases para esta transformación conceptual. La clínica de la falta  viene dada por  la falta de ser que habita en el sujeto dividido por la represión. Se manifiesta a través del síntoma, expresión del deseo reprimido. La clínica del vacío, en cambio, surge de la desconexión del sujeto con el Otro. Es el rechazo del Otro simbólico, del ideal. Es la búsqueda del goce sin la mediación del Otro. Y esto es lo que tiene que ver con el declive de la figura paterna, ya que se genera  una crisis de la autoridad simbólica que crea nuevos malestares subjetivos y sociales y también una nueva manera de expresión de las relaciones generacionales. Los hogares no tienen, en muchos casos, una ley que los regule. En estas nuevas generaciones sin Ley hay una caída del deseo, una falta de referencia y una esclavitud hacia el goce mortífero.
 Pero no se trata, plantea el psiconalista italiano, de querer restaurar al padre autoritario, sino de inventarse algo nuevo. No debe reivindicarse la disciplina perdida, sino la referencia ética del adulto, del padre, a partir de su testimonio.  Aquí justamente encontramos la originalidad de Recalcati: reivindicar a Telémaco en lugar de a Edipo.  Telémaco es un personaje que aparece en la Odisea de Homeror y que espera la vuelta de su padre, que se fue a la Guerra de Troya. El padre simbólico representa la Ley de la palabra como la ley del deseo. No se trata de la  transmisión de una herencia que hay que rechazar o repetir miméticamente, sino de un movimiento singular que nos permita retroceder avanzando, transformar la herencia no en lo que nos da la seguridad de una identidad dada, sino en una aventura, en un riesgo sin garantías. Edipo representaba al Padre como rival, en cuanto que era el portador de la Ley. La Ley de la palabra es necesaria porque nos humaniza, porque es la que pone distancia a lo inmediato. Nos permite un trabajo que nos dignifica, que sublima nuestras pulsiones, que da sentido a la vida a través de una ética. La Ley de la palabra nos permite esperar,  renunciar al goce inmediato y así generar el estado de falta que permite la aparición de un deseo más profundo, más propio, y canalizar las pulsiones.
 El grito del bebé es una petición, no solo referida a una necesidad sino también al amor, ya que sobre ella se apuntala la demanda de amor al Otro primordial materno, que nos atiende. De esta manera, somo algo para este Otro primordial, pero tan destructivo como no ser nada para él es serlo todo, porque entonces nos convertimos en su objeto. El Otro nos quiere y nos da algo inmaterial, en cierta forma nos da lo que tiene, porque no son objetos sino un gesto de amor lo que pide el niño. El Otro simbólico es el que nos separa del Otro pimordial, el que nos enseña la Ley de la palabra. Todos dependemos del Otro, aunque debamos ser autónomos. Nadie es autosuficiente, ni dueño de sí mismo. Hay que aceptar los límites y la deuda simbólica que tenemos con la generación anterior, hay que aceptar la propia filiación para superarla.

domingo, 1 de noviembre de 2015

LOS ENIGMAS DEL PLACER


 Los enigmas del placer



Escrito por Luis Roca Jusmet

 El psiconalista François Ansermet y el neurocientífico Pierre Magistretti, que ya habían colaborado en el libro A cada 
cual su cerebro se preguntan ahora por el enigma del placer ( Katz editores, 2011).
Preguntarse por el placer les lleva a otras preguntas. Estas preguntas son sobre la naturaleza del inconsciente y de la pulsión, por una parte, y sobre el círculo vicioso que nos empuja al malestar ( tanto individual como socialmente) por otro. Evidentemente las cuestiones son muy ambiciosas y un libro como el que tratamos ( que es además relativamente breve) es imposible que las resuelva. De acuerdo. Pero sí parece que hay una pretensión de hacerlo y en este sentido hay que decir que el epílogo es pobre en relación con el hilo conductor del trabajo. En algún momento, además, me parece que caen en  lo que critican metodológicamente, como cuando explican la tendencia a la vuelta al displacer a partir de los mecanismos fisiológicos que están en la base de la adicción. Por otra parte la forma como analizan la complejidad de las dos nociones centrales del trabajo, que son las de pulsión y de inconsciente, es muy fecundan. Pero en el caso del inconsciente me parece que no acaban de encontrar una salida adecuada. Como ellos proponen hay que reiventarlo pero la idea de un inconsciente creativo me parece algo jungiana y no acabo de entenderla. H ay algo en el inconsciente, como decía Lacan, que es nuestro núcleo más singular pero quizás lo plantean de una forma demasiado clara y fácil. La misma analogía que hacen en algún momento entre la pulsión inconsciente con la decisión consciente me parece muy discutible.
 Justamente hablando de Lacan nos encontramos aquí con una cuestión compleja. Los autores se reclaman, como mínimo en algún sentido, del psicoanálisis lacaniano y esto es evidente por sus referencias. La misma noción de goce que utilizan para referirse a este placer en el dolor o en el displacer me parece un buen camino. Pero también me parece que lo solucionan muy rápido planteando por una parte diciendo que es el placer inconsciente en el displacer consciente. También citan a Miller en su afirmación de que el goce es la líbido más la pulsión de muerte sin acabar de argumentarlo. Quizás hay un intento algo precipitado ( también en Miller) de ligar las piezas del puzzle de Lacan de una manera demasiado sistemática. Más bien habría que afirmar que estos enigmas del placer siguen siéndolo por mucho que los queramos resolver con fórmulas. Hay también una eliminación del Otro por el otro, ya que utilizan únicamente el segundo término cuando esta distinción lacaniana me parece imprescindible. Ahora bien, cuando en lugar del término real lacaniano hablan de el exceso de lo viviente hay aquí algo acertado, ya que aunque los lectores de Lacan nos hallamos familiarizado con el primero quizás resulte todavía más confuso que el segundo en esta noción para la que es difícil encontrar el término adecuado. También su propuesta de utilizar anticipación en lugar de alucinación como hacían Freud-Lacan para referirse al primer objeto del deseo podría resultar más clarificadora. De todas maneras hay aquí una cuestión muy interesante y muy problemática que es la relación entre el objeto del deseo y el objeto de la pulsión, que remite a dos elaboraciones freudianas paralelas, que son La interpretación de los sueños y Las Pulsiones y destinos de la pulsión. 

FREUD ANTIPEDAGOGO

Escrito por Luis Roca Jusmet

Este es el título de un libro que es, para mí, una pequeña joya para los interesados en la relación entre psicoanálisis y pedagogía o, simplemente, por la educación. El título, algo provocador, quiere decirnos varias cosas : 1) El psicoanálisis no es un método educativo sino que, por el contrario, es su reverso; 2) Freud era totalmente escéptico respecto a la pedagogía como ciencia de la educación.
Catherine Millot escribió este libro, difícil de encontrar, a finales de los 90. Es una psicoanalista de formación lacaniana , pero poco dogmática y sectaria, que nunca quiso formar parte de ninguna escolástica. En el libro hace un recorrido sobre la posición de Freud en el tema de la educación a partir de una análisis muy preciso de sus textos. Inicialmente se inclina por una postura no represiva, después insiste sobre todo en que hay que educar para la realidad y hacerlo en una ética de la verdad. Finalmente se vuelve más escéptico respecto a cualquier teoría pedagógica y considera que hay que basarse en lo empírico, en lo singular de cada caso. En todo caso hay que evitar polarizarse entre la libertad y la represión. hay que buscar el punto justo y en cada caso es diferente. Pero hay dos cosas claras : la primera es que no hay que hacerse esperanzas excesivas y la segunda que la prohibición es necesaria porque es la que posibilita el deseo. Educar es prohibir, es decir poner límites, pero no es solo esto
 ¿ Qué puede aportar el psicoanálisis a la educación ? Directamente nada. Indirectamente mucho. El tratamiento psicoanalítico de padres y educadores por un lado y de niños, por otro, puede ser muy interesante. Pero en el segundo caso Catherine Millot se pronuncia a favor de Melaine klein y en contra de Anna Freud en su polémica sobre psicoanálisis de niños y educación. Esta última consideraba que el psicoanálisis tenía, en el niño, un función educativa. Por ello era imprescindible generar en el niño una demanda a partir de la cual realizar una transferencia positiva entre él y el analista. El trabajo de Anna Freud se basa en reforzar el yo y la parte consciente del niño. Toda una escuela de psicoanálisis, la llamada Escuela del Yo le ha seguido en su tratamiento de adultos y de niños. Melaine Klein considera que la transferencia positiva es un obstáculo para el análisis. Catherine Millot está de acuerdo : el análisis es un trabajo sobre el inconsciente. El yo es la principal sede de las ilusiones y, por tanto, de resistencia para este trabajo. El trabajo analítico crea las condiciones para una educación posterior en el niño que sea menos autoritaria. le hace desaparecer culpa y angustia y le posibilita una mejor sublimación. Pero el análisis evita la represión y la educación se basa en ella. ¿ Porqué ? Porque es un sumisión del principio del placer al principio de realidad y se basa en el dominio de las pulsiones.
  Wilheim Reich y Hebert Marcuse,  defendieron una sociedad no represiva y no patriarcal, con plena libertad sexual. Buscaban una sociedad no castradora basada en el principio del placer. No entendieron que Freud siempre defendió la represión y la castración primordial como necesaria. Catherine Millot, igual que otros psicoanalistas franceses no estrictamente lacanianos como Françoise Dolto, defendieron lo que llamaron la castración simbólica. Se trata de la superación del Complejo de Edipo. Pero nos dejemos confundir por los culturalistas. el complejo de Edipo es un mito que ejemplifica un hecho universal, que es el paso d ela naturaleza a la cultura. Este paso, como mostró el antropólogo Claude Levi-Straus, es el que posibilita la prohibición del incesto. Esta marca la separación de la relación dual entre el niño y la madre, el Otro Primordial, para tener acceso al Otro simbólico. Este Otro simbólico es la Ley el Lenguaje, es decir, las mediaciones entre el ser humano y la naturaleza. Pero el acceso a lo Simbólico solo es posible si lo reconoce el Otro primordial, la Madre. Si no es así el niño queda atrapado en esta relación, que es la de la psicosis. Lo que es universal es, entonces, la existencia de una vía para superar esta relación dual, con lo que el objeto primordial del goce es un objeto perdido. Esta falta es la que posibilita el deseo. El Padre op función paterna ( en cualquiera de sus formas culturales) da al niño un nombre, una significación a la pérdida del obeio primordial. La sexualidad pasa entonces por el desfiladero del significante, es decir de la palabra. La sociedad liberada de Marcuse sería un paraíso infantil donde todo es lúdico. Pero también antipedagogías como la que practicó A.S.Neill en Summerhill pretendía basarse en el psicoanálisis. De hecho la teoría era superficial, roussoniana. Pero su carisma hizo que el proyecto, de alguna manera, funcionase. la clave de Neill, sin él mismo saberlo, es no responder a la demanda del niño respecto a su propia demanda. Cuando éste le dice "Enseñame algo" y Neill responde "¿Que quieres aprender?" y el niño contesta "Lo que quieras", él se va. Hace como el analista que no responde a la demanda del paciente, deja abierta la demanda para que se mantenga el vacío a partir del cual aparece el deseo. De esta manera se supera el registro engañoso de la demanda. hace así el papel del muerto en el lugar del ideal del Yo. Este es el sentido del anonimato del analista, que le permite ser el espejo de los jeroglíficos del deseo del analizado. El educador no puede hacerlo y si Neill lo hace es por su postura de no enseñar.

lunes, 12 de octubre de 2015

TERRY EAGLETON : UNA PROPUESTA ÉTICA LACANIANA


Los extranjeros. Por un a ética de la solidaridad
( traducido por antonio Francisco Rodriguez Esreban )
Madrid, 2010, 572 páginas.

Escrito por Luis Roca Jusmet

En esta monumental y al mismo tiempo fresca obra están expuestos todos los matices que le merecen estos pensadores. Hay toda un crítica radical al planteamiento ético-político de Jacques Derrida, pero dice de él que es uno de los grandes filósofos del siglo XX .Se ríe de Žižek llamándole el "representante de Lacan en la Tierra" pero en el prefacio le agradece sus comentarios y en el libro desarrolla una reflexión muy interesante sobre varias de sus posiciones teóricas. Aunque todo esto es anecdótico en este gran libro, que plantea desde una óptica muy original las principales problemáticas actuales de la ética y de su relación con la política. Esta óptica es nada menos que las teorías éticas actuales pueden asignarse a los tres registros formulados por Lacan : imaginario, lo simbólico y lo real. Aquí hay que precisar que lo real para Lacan es lo que está más allá de lo imaginario y lo simbólico, es decir de lo que podemos representa o formular.
 Concluye además de forma bastante provocativa que la mejor opción surge de un encuentro entre la tradición socialista y la judeocristiana. La crítica más radical es a lo que Eagleon llama el postmodernismo despolitizado y a la repulsión de lo normativo en la moral ( o ética, que en el libro es sinónimo). Igualmente al rechazo a la lo bueno y a lo justo entendidos en una dimensión universal. 

 Terry Eagleon considera que la ética imaginaria es la que se basa en la sensibilidad ( como sobre todo la filosofía anglosajona del siglo XVII y XIX ; la ética simbólica basada en las normas universales ( Kant sería el paradigma) y la ética real de tipo trágico y absoluto ( como la de Levinas, Derrida, Badiou). Como para el mismo Lacan lo real es lo más importante y a lo que Eagleton dedica más tiempo ( quizás en algún momentos excesiva). Aquí hay una crítica muy interesante al elitismo que se desprende tanto de Kierkegaard como de Schopenhauer y de Nietzsche. Elitismo que atraviesa todas estas éticas que llama de lo real y que alcanzan a posturas izquierdistas como las de Alain Badiou. Es una lástima que no recoge aquí Eagleton las aportaciones de Jacques Rancière ( del que podría hablar porque forma parte de los pensadores franceses ex-althusserianos) en lo que éste llama "el nuevo odio a la democracia".Hay momentos especialmente brillantes como la comparación de los tres registros con los tres estadios de Kierkegaard ( el estético, el ético y el religioso) y constantes referencias a los clásicos de la literatura inglesa, especialmente a Shakespeare. La excelente mezcla de pensamiento propio, rigor y claridad hace que la lectura de Terry Eagleton sea, aunque no siempre fácil, un auténtico placer intelectual. El libro tiene elementos muy sugerentes, además, para una sociología de la filosofía.
 Los temas tratados están perfectamente centrados y tratados de forma crítica. El papel de los sentimientos y de la razón en la teoría ética ; la necesidad del aspecto normativo en un sistema moral ; el papel imprescindible de las instituciones en una política de raíces éticas ; el equilibrio entre lo singular y lo universal... Con matices pero cogiendo el toro por los cuernos Eagleton se posiciona sin ambigüedades pero sin dogmatismos dando un valioso material para el pensar propio del lector.
Resulta impresionante la manera como Eagleton reivindica la tradición judeocristiana en tiempos tan difíciles para hacerlo y sobre la base de su núcleo duro, no de diluirlo en un humanismo blando donde todos los gatos son pardos. En este sentido podemos alinearlo con Alain Badiou en su reivindicación de San Pablo o con Žižek cuando nos explica que lo que podemos recuperar del legado cristian es su aspecto traumático. La reivindicación del amor es en este sentido fundamental, sobre todo en la contraposición al deseo. Aquí sí que critica certeramente toda la mitología levantado por los postestructuralistas franceses, empezando por Lacan. Lo que importa es el amor es que sólo desde él es de donde se puede generar una ética altruista y solidaria. Aquí Eagleton ataca otro prejuicio establecido por Lacan y sus seguidores en la idea, heredada de los moralistas franceses del siglo XVIII, de que el altruismo es una forma de egoísmo ( paralelamente a la concepción del amor como una forma de narcisismo). No es cierto, dice Eagleton con firmeza, ni una cosa ni la otra. El amor es desprendimiento, es salir de uno mismo para acoger al otro y el que encuentra satisfacción en lo que hace desde el amor recibe este sentimiento de manera secundaria, no como motivación. El altruismo es renunciar a lo que nos proporciona un placer para apoyar, para ayudar al otro, cuestión muy diferente del egoísta que sólo actúa en función de lo que le proporciona una satisfacción. Y resulta también muy válida la manera como Terry Eagleton elimina el falso dilema ( presente en Kant) entre egoísmo y altruismo. Amarás al prójimo como a tí mismo, decía Jesús, lo cual implica que el amor a uno mismo es tan importante como el amor a los otros. Hay aquí una concepción del cristianismo totalmente contrapuesta a la que presenta Nietzsche, ya que hay amor a la vida y negación del sufrimiento. Es en la concepción trágica y no en la cristiana donde hay una cierta apología del dolor. El dolor y el sacrificio para el cristianismo, dice Eagleton, no tienen ningún valor en sí mismos pero debemos aceptarlos cuando son inevitables. Es interesante también el planteamiento de la responsabilidad, que no puede ser ni infinita ni absoluta. La responsabilidad con los otros, dice Eagleton, es finita y limitada, no es con todo el mundo ( lo cual nos llevaría al absurdo de lo imposible) sino con la personas o personas concretas que en cada momento ocupan el lugar del prójimo. 

domingo, 14 de junio de 2015

FILOSOFIA Y PSICOANÁLISIS EN LA ÉPOCA DE LA TECNOCIENCIA



Escrito por Luis Roca Jusmet

 Voy a arriesgar una hipótesis sobre el tema. Consideremos que vivimos en la época de la tecnociencia. Esto quiere decir, para mí, en la Modernidad. La Modernidad es una época que aparece històricamente en Europa y que ha ido globalizando hasta el presente, principios del siglo XXI. Es la época de la Economía-Mundo capitalista y del Estado Moderno. Economía de Mercado centrada en la empresa y determinada por la lógica del aumento indefinido del beneficio. Que según los economistas clásicos se regularía a sí misma pero que su propia dinámica, que ha conducido al neoliberalismo, ha demostrado que no. Estado moderno que funciona al nivel del territorio delimitado por la nación. Con sus instituciones políticas y policiales que deben legislar para defender los derechos privados, fundamentalmente el de la propiedad.
 Culturalmente hemos caminado hacia una cultura-mundo en un mundo en el que, como ya apuntó Marx, todo lo sólido se desvanece.Todo lo que no cuestiona la mercantilización total y la lógica del beneficio es asumible por el sistema, incluso el declive y fin del patriarcado. Las relaciones de poder se van transformando sus dispositivos combinan los aspectos disciplinarios con del control, la acción sobre los cuerpos con la acción sobre las poblaciones, el gobierno directo con el indirecto sobre las conductas.
 Son cuatro apuntes  para entender el contexto en el que desarrollan los campos del saber. El saber que domina es el de la ciencia, entendida en los términos establecidos por Galileo y Newton. Descartes ocupa un lugar importante porque establece la diferencia entre la física, como modelo de la ciencia matemática, y la metafísica, que se ocupa de Dios y del alma. Poco a poco se van estableciendo otra ciencias ( química, biología) y la medicina como la tecnología básica sobre el cuerpo humano. Los objetos de la metafísica ( Dios y el alma) se van desvaneciendo. Comte teoriza el positivismo y plantea integrar el estudio de la sociedad en el proyecto científico, fundando la sociología.
 La filosofía se transforma en un saber problemático. Pero no en la medida en que problematiza la ideología, sino en la medida en que se problematiza a sí misma. Coexisten entonces una filosofía escolástica, académica que se resiste al dominio total del discurso científico y una filosofía crítica que quiere pensarse a sí misma en relación con la ciencia. Y, por supuesto, existe la tradición filosófica constituida por la filosofía antigua y por la filosofía moderna, que ha tenido un papel importante en la propia constitución de la Modernidad.
 En este contexto aparece el psicoanálisis, fundado por Freud. Y lo hace en un momento en que la psicología como ciencia se piensa en términos de neurofisiología. Nada que ver con el proceso de constitución de las ciencias sociales. Freud se dará cuenta que la psicología necesita un estatuto propio porque tiene un objeto propio que es el de la realidad psíquica. No es observable ni cuantificable ni experimentable. Sentará por tanto las bases de un saber que no sentará científico pero tampoco filosófico. Su método se irá estableciendo a partir de una teoría metapsicológica ( nada que ver con la metafísica) que se contrastará en la clínica, es decir, en la propia práctica de la terapia psicoanalítica.

lunes, 24 de febrero de 2014

HISTORIA DE LA LOCURA



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Reseña de


El evangelio del diablo. Foucault y la Historia de la locura

Valentín Galván ( coordinador)

Madrid : Biblioteca Nueva, 2012

( Traducción de Blanca García Ceballos)



Escrito por Luis Roca Jusmet



Pretendo enseñar a la gente que es mucho más libre de lo que sienten, ya que aceptan como verdades evidentes algunas creencias que han sido construidas en un momento histórico. Estas evidencias pueden ser criticadas y destruidas, siempre que se pongan en tela de juicio los discursos que damos por verdaderos y que pueden ser cuestionados.

Michel Foucault




El motivo del libro es la publicación, hace 50 años, de La Historia de la locura en la época clásica. Se publicó en 1961y levantó una auténtica polémica en muchas bandas. Por una parte cuestionaba todo el discurso sobre la enfermedad mental que justificaba la práctica de la psiquiatría en los manicomios. Era el poder psiquátrico que, sobre una supuesto saber positivo, se constituía en clasificador, normalizador y gobernador de la conducta de los llamados enfermos mentales ( antes locos). Pero, desde el punto de vista filosófico, el libro introducía un debate que cuestionaba el axioma cartesiano de que el sujeto de la razón se constituye sobre la base de la exclusión de la locura. Esto le provocó no solo el rechazo de la filosofía dominante en aquellos momentos en Francia ( fenomenología y marxismo) sino un agrio debate con Derrida que desembocó en la ruptura de su amistad durante una década.

Este libro no es un homenaje para cumplir el expediente, sino de una colección de escritos muy interesantes, dos de los cuales son textos inéditos del propio Foucault. Las dos partes están claramente diferenciadas. La primera es una reflexión teórica sobre diferentes aspectos que trata La Historia d ella locura y la segunda trata del impacto que tuvo el libro en diferentes países. La mayoría de los artículos son la traducción de los que aparecieron en la revista italiana Aut Aut , ampliados con dos artículos sobre la recepción del libro en México y Argentina. El trabajo de traducción ha sido meticuloso: Blanca García Ceballos, que los ha traducido del italiano, francés, inglés y portugués, confrontándolos además con la traducción italiana. La revisión del coordinador, Valentín Galván y sus notas notas aclaratorias acaban de redondear el esfuerzo. Ya había leído anteriormente de Valentín Galván un excelente estudio sobre el impacto de Foucault en la Transición ( De vagos y maleantes. Michel Foucault en España, publicado el 2010 por editorial Virus). Valentín forma parte de una interesante cantera de filósofos andaluces, junto a Francisco Vázquez García y José Luis Moreno Pestaña. Todos han trabajado, desde diferentes ángulos, muy bien a Foucault.

Empecemos por los dos textos del propio Michel Foucault que inician las dos partes del libro. El primero se titula “Historia de la locura y antipsiquiatría” y es la transcripción de una conferencia que pronunció en 1973 en un coloquio en Montreal. Es justamente contemporánea el seminario sobre el poder psiquiátrico. Es una reflexión sobre la aparición del movimiento antipsiquiátrico. En realidad lo primero que afirma es que la antispsiquiatría como tal no existe, lo que existen son antipsiquiatras. A partir de aquí Foucualt retrocede al siglo XVIII y a la función d ellos hospitales, que considera ambigua. En el siglo XVIII la locura todavía no consistía en un objeto regular de internamiento. Se consideraba un error de percepción y de juicio, no claramente una enfermedad. El encierro de los locos empieza en el siglo XIX cuando no se contrapone a la verdad sino a la normalidad . Antipsiquiatría sería en la práctica todo aquello que va contra el poder psiquiátrico y son los llamados específicamente antipsiquiatras, como Bassaglia y Laing, los que cuestionan la relación de poder entre el psiquiatra y el paciente y lo hacen a través de un trabajo político. Esta es la línea más interesante.

El segundo artículo de Foucault se llama “No existe cultura sin locura” y es muy breve. La cultura la presenta como un fenómeno cultural, como una construcción histórica. El siglo XVII y XVIII crea las intituciones del encierro para internar a los marginados, a los seres asociales y no porductivos. Solo se quedaron los locos al pasar a transformarse en enfermos mentales. Pero curiosamente, señala Foucault, a partir de Nietzsche o de Artaud la locura vuelve a ser portadora d ella verdad, como lo fue en el siglo XVI y principios del S.XVII. Pertenece a un entrevista inédita publicada en 1961, justo el año de la aparición del libro.

lunes, 13 de enero de 2014

PSICOANÁLISIS E INTELIGENCIA EMOCIONAL


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Escrito por Luis Roca Jusmet

Me gustaría analizar aquí la noción de inteligencia emocional desde una perspectiva psicoanalítica. No soy psicoanalista pero me parece un punto de vista interesante. Discutible pero interesante, fecundo para cuestionar una noción que se ha convertido en un tópico.
 Pienso que la noción de inteligencia emocional es menos original de lo que parece. Daniel Goleman la elabora a partir de la teoría de las inteligencias múltiples de Martin Gardner. Lo que hace este último es hablar de la inteligencia interpersonal y la intrapersonal como dos de las siete inteligencias de que disponemos todos los humanos. La inteligencia inrapersonal es la capacidad de entender las nuestras emociones y controlarlas. La interpersonal es la de entender las emociones de los otros y de experimentar empatía por los otros. El planteamiento, ya de por sí confuso, queda aún más simplificado por Goleman.
 En primer lugar me parece que entenderse las propias emociones y controlarlas son dos cosas totalmente diferentes. El control, en todo caso, no tiene que ver con la inteligencia, tiene que ver con el carácter. En cuanto a entender a los demás y sentir empatía por ellos pasa lo mismo. Podemos llamar a la capacidad de entender las emociones del otro como inteligencia pero la empatía tiene que ver también con el carácter. Digo esto para cuestionar ya de entrada este término de inteligencia emocional desde un planteamiento de la crítica de un sentido común no distorsionado por la ideología.

 El psicoanálisis introduce una perspectiva que aún complica más la cuestión, que es la del inconsciente. Si aceptamos el inconsciente está claro que el conocimiento de uno mismo tiene un límite. Que el control depende de muchos factores : las pulsiones, el superyo., el ideal del yo... El yo solo es un aspecto limitado de la cuestión. Es el inconsciente el que, en gran parte, determina lo que hacemos. No tiene nada que ver con la inteligencia.
 Pero aquí hemos de señalar que si diferenciamos escuelas psicoanalíticas radicamente diferentes, como la Escuela del Yo o la lacaniana, la manera de confrontarse a la inteligencia emocional es totalmente diferente. La escuela del Yo podría entenderse, hasta cierto mundo, con esta noción de inteligencia emocional. Aceptando su superficialidad estaría de acuerdo en sus objetivos. El psicoanálisis quiere que sea el Yo el que controle nuestra vida. Donde está el ello, que esté el yo. Podríamos incluso llamar a este control inteligencia emocional.

viernes, 20 de diciembre de 2013

FREUD-JUNG

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Correspondencia Sigmund Freud-Carl Gustav Jung
Edición de William McGuire y Wolgang Sauerländer
(Traducción de Alfredo Guéra Mirallles)
Madrid: Trotta, 2012

Escrito por Luis Roca Jusmet

Sigmund Freud y Carl Jung fueron dos personajes fundamentales del siglo XX. Aunque no con la misma intensidad. Freud fue más consistente y tuvo una mayor importancia : fundó uno de los grandes movimientos del siglo, el psicoanálisis. Independientemente del valor teórico y práctico que se le de, lo cierto es que es fundamental para entender el imaginario de la sociedad europea y americana del siglo XX. No es correcto decir que el psiconálisis está superado, ya que la polémica continua en los mismos términos que en el momento de su fundación. Este libro es un documento imprescindible para los interesados en cualquiera de las dos biografías. Pero sobre todo para los interesados en el movimiento psicoanalítico. La relación entre Freud y Jung es, en todo caso, muy interesante. Precisamente el cine acaba de ponerla en primer plano con la sugestiva película Un método peligroso. Pero lo cierto es que hay un tercer personaje en la película, la psicoanalista rusa que da un tono dramático y amoroso que prácticamente no aparece en la correspondencia que nos ocupa. La correspondencia resulta algo ardua porque está llena de elementos anecdóticos. Pero incluso estos tienen su interés para el público especializado. 


Más allá de lo específico hay que reconocer que es todo un testimonio sobre la relación de amistad de tipo epistolar. La relación es particularmente intensa y se desarrolla básicamente por esta vía. Los encuentros directos de Freud y de Jung son escasos. Curiosamente la ansiedad con que Freud asume la relación, sus expectativas, ponen de manifiesto la dependencia de Freud con respecto a Jung y no al revés. La relación se plantea en unos términos de relación padre-hijo por parte de Jung pero está claro que lo que espera Freud de Jung no es algo filial sino una relación amistosa de una cierta ambigüedad. De hecho parece repetir lo que antes atrás le pasó con William Fleiss. Y el final resulta igualmente duro para ambos, pero sobre todo para Freud. Lo que Jung le reprocha a Freud es su carácter autoritario. Pero es evidente que ya hay desde el principio diferencias de fondo que se van explicitando a lo largo de la relación hasta adquirir un claro sentido conflictivo. Se vislumbra la atracción de Jung hacia el ocultismo y el rechazo de Freud hacia estos fenómenos. Esto no quita una cierta ambigüedad de Freud, que mantuvo un extraño convencimiento sobre la fecha exacta de su muerte. Pero la perspectiva de Freud quería ser científica y materialista y en cierta manera la defensa de la hipótesis de la sexualidad como vía regia era un dique para posiciones espiritualistas. Así se lo hizo notar a Jung y la resistencia de éste acabó conduciéndole finalmente a la defensa de una noción de energía totalmente confusa.

jueves, 19 de diciembre de 2013

LA TRAMA DEL TEMPERAMENTO


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Escrito por Luis Roca Jusmet

El temperamento y su trama
Cómo los genes, la cultura, el tiempo y el azar inciden en nuestra personalidad.
Jerome Kagan
( Traducción de María Victoria Rodil)
Buenos Aires : Katz editores, 2011. 227 páginas.

 Las neurociencias son, sin duda, una de las disciplinas más apasionantes de los trabajos científicos contemporáneos. Algunos de sus mejores representantes, como Antonio Damasio, son afortunadamente ya bastante conocidos por el gran público. Pero hay otros neurocientíficos rigurosos y claros que también merecen ser tenidos en cuenta. En este sentido la editorial Katz tiene una colección interesante, entre las cuales está un libro que me parece imprescindible : A cada cual su cerebro. Inconsciente y plasticidad neuronal, que plantea un rico encuentro entre las neurociencias y el psicoanálisis. El libro que ahora me ocupa me parece también muy sugerente y presenta un tratamiento que puede prevenirnos de algunas derivas biologistas. Me refiero a la ideología que pretende que nuestra conducta está escrita en nuestros genes, como planteó en su momento la desafortunada teoría de la sociobiología.
Jerome Kagan es un psicólogo que quiere restituir a lo genético lo que le corresponde, que será mucho para unos y poco para otros. Hay que reconocer que lo hace de una manera equilibrada, razonable y matizada. De entrada evita la falsa dicotomía entre lo innato y lo adquirido, entre lo biológico y lo ambiental. No podemos entrar en este juego porque es muy mecánico y poco dialéctico : hay que entenderlo como una interacción a través de la experiencia, no como una suma de factores. La misma genética, nos advierte Kagan, se ha transformado en epigenética, que considera la posibilidad de una modificación química de los genes por factores ambientales. La hipótesis de Kagan es clara : el temperamento, que es el punto de partida, no determina una personalidad sino un amplio abanico de posibilidades que la propia biografía va determinando. En este itinerario singular que es la biografía intervienen factores culturales, sociales, familiares pero todos se combinan en una experiencia singular. La experiencia no es una suma de condicionantes sino el resultado de la interacción dialéctica ( palabra que no utiliza el autor pero que vale la pena recuperar) de todos ellos. ¿Qué es el temperamento ? Es la predisposición innata hacia una serie de unos estados cerebrales que nos orientan hacia determinadas pautas emocionales o de conducta. La explicación del temperamento es, por tanto, materialista : son estructuras anatómicas y funcionales del cerebro. ¿ Qué es la personalidad ? Más complejo de definir, ya que sería lo que se va desarrollando en el tiempo de la propia vida a partir de la experiencia propia. Es decir que el temperamento deja de existir de manera independiente desde nuestro nacimiento, ya que desde entonces es modificado y se transforma en personalidad, Sería entonces una identidad personal dinámica y compleja que tiene el temperamento como base condicionante. Esto último sería entonces como la materia, la pasta de la que estamos hechos y que marca, junto a otros factores, el campo de lo posible en nuestra personalidad. Y el azar es así el nombre que damos a todo aquello que siendo significativo para nuestra vida no depende de nosotros, sino de procesos que no provocamos ni controlamos.
Kagan utiliza una concepción a la vez empírica y amplia de la psicología. Para ello intenta superar los reduccionismos, tanto del biologismo, como del conductismo como del psicoanálisis. La define como el estudio de las actitudes, las emociones y las conductas. La crítica hacia el psicoanálisis es algo parcial, ya que se basa sobre todo en la concepción más culturalista del psicoanálisis del yo desarrollado en EEUU. Es discutible, por ejemplo, su afirmación de que para el psicoanálisis todo es producto de traumas familiares y no acepte elementos constitucionales. Me parece muy interesante y valiente su crítica a la biblia contemporánea de psicólogos y psiquiatras, el DSM, Plantea una serie de cuestiones muy razonables para entender la génesis de las enfermedades mentales, basándose en la clasificación del doctor Paul McHugh en cuatro familias heterogéneas, cada una de las cuales mantiene diversas combinaciones de predisposiciones biológicas y de experiencia. Con ello criticaba clasificaciones como la del DSM-IV que lo que hace es uniformizar los sujetos y estandarizar los remedios. Estas cuatro familias considera que se puede incluir la depresión o la ansiedad en cualquiera de los grupos y también que la enfermedad mental no implican necesariamente una predisposición de temperamento, ya que podían ser resultado de experiencias actuales muy perturbadoras. Asimismo considera que siempre hay un acontecimiento detonante, que el factor fundamental es la manera como el paciente interpreta lo que le pasa y que aquí se mezclan elementos culturales e individuales. Las cuatro familias son : 1) delirios o alucinaciones, que normalmente tiene una causa física, que puede ser genética, degenerativa o una infección cerebral. Aquí se cuestiona nociones tan generales como la de esquizofrenia o la de espectro autista, que sirven más para confundir que para aclarar. 2) combinación de episodios crónicos o agudos muy intensos de depresión i/o ansiedad ( anorexia, fobias, trastorno obsesivo-compulsivo. 3) trastornos relacionados con la falta de control : adicciones, bulimia, TDA, hiperactividad. 4) Estados de depresión, ansiedad, impulsividad causados por extrema pobreza, abusos infantiles. En todo caso es una clasificación discutible pero que seguramente es más operativa que las que se utilizan habitualmente y tiene la ventaja de ser flexible y funcionar como orientación no como una etiqueta que niega la singularidad del paciente.

MARX Y FREUD , MAESTROS FUNDADORES

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Escrito por Luis Roca Jusmet

El lazo que conecta el marxismo con el psicoanálisis está suficientemente justificado por el paralelo entre el movimiento político marxista y el movimiento psicoanalítico. En ambos casos estamos ante la paradoja de un saber ilustrado no tradicional, fundado en la relación transferencial con la insuperable figura del fundador ( Marx, Freud): el conocimiento no progresa a través de refutaciones y reformulaciones graduales de las hipótesis sino de un serie de “ retornos a ...” ( Marx, Freud). En ambos casos, estamos ante un campo del saber que es intrínsecamente antagónico : los errores no son simplemente externos al conocimiento verdadero, no son algo de lo que podamos liberarnos una vez que alcanzamos la verdad y, como tales son de interés puramente histórico, es decir irrevelantes para el estado actual del saber ( como es el caso de la física, la biología,etc.).En el marxismo, como en el psicoanálisis, la verdad emerge literalmente a través del error; es por ello que en ambos casos la lucha contra el “revisionismo” es una parte inherente a la teoría misma. La “estructura” entera, la relación entre el campo del saber y la subjetividad del “científico” difiere radicalmente de la ciencia positiva, así como de las formas tradicionales de conocimiento ( sabiduría iniciática, etc)
Slajov Zizek


 Escrito por Luis Roca Jusmet

 Paul Ricouer y Michel Foucault articularon una extraña afinidad entre ambos y Nietzsche al forjar el término de maestros de la sospecha. Evidentemente los tres desenmascaran a su siglo, distorsionado por el optimismo postivismo o hegeliano, desde la lucidez.

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